Inanna, diosa sumeria del amor

Es la diosa del amor y la sexualidad Sumeria, sin embargo, al igual que en Grecia se relacionaba a Afrodita (diosa del amor) con Ares (dios de la guerra), Inanna está también unida a los conceptos de guerra, agresión y afán de poder tanto como con el parto y la atracción erótica.

Todos los mitos resaltan la naturaleza bastante irascible de Inanna y las terribles consecuencias de su cólera y su conducta sexual. Se representaba por medio de un haz de juncos, coronado con uno en forma curvada. Era hija de Ningal y Nannar, dioses de la luna; hermana gemela de Utu y esposa de Dumuzi.

Inanna desciende a Irkalla

Inanna, reina del cielo y de la tierra, decide bajar al inframundo. Irkalla era el lugar de “no retorno” para los mesopotámicos, a dónde van los muertos durante ese estado de renovación que significa la muerte, para purificarse y recibir una nueva vida. También es allí donde van las malas conductas, para poder ser purificadas.

Previendo todo el peligro que puede implicar incluso para una diosa el embarcarse en esta empresa, Inanna toma todas las precauciones: se coloca sus insignias reales y sus amuletos mágicos y da instrucciones a su visir, Ninshubur, sobre cómo actuar en situaciones críticas.

A las puertas de Irkalla, Inanna pide al vigilante de la puerta, ser recibida por su hermana Ereshkigal, diosa del inframundo, para poder organizar el funeral de su cuñado, aún cuando sus verdaderas intenciones, son apoderarse del trono. Ereshkigal entra en cólera al saber de la presencia de su hermana y ordena que sean cerradas con llave, las 7 puertas del inframundo. Inanna es obligada a desprenderse, en cada puerta, de cada una de sus insignias reales y debe presentarse desnuda e indefensa ante su hermana. Los jueces del inframundo la condenan a muerte y a que su cuerpo cuelgue de un gancho sujeto a la pared.

Ninshubur comienza a preocuparse por la tardanza de la diosa y pide ayuda a otros dioses para descender y rescatarla. Pero todos se niegan. Opinan que la ambición desmedida de Inanna fue la que la puso en esa situación y ella sola debe salir de ella. Sólo Enki está dispuesto a ayudar a Inanna. De la mugre de sus uñas, crea dos seres que logran ser recibidos por Ereshkigal, por medio de adulaciones logran que la diosa les ofrezca una recompensa y piden que sea el cuerpo de Inanna. Rocían su cuerpo con Agua de la Vida y devuelven la libertad a Inanna. No obstante, los jueces del inframundo exigen que la diosa entregue a alguien que la supla. Al salir, Inanna les entrega a su esposo Dumuzi, al ver que solo él no había sido capaz de guardar duelo por su muerte.

 

 

 

Afrodita

El Nacimiento de Venus de Sandro Botticelli – Galería de los Uffizzi (Florencia)

 

Afrodita (Venus en la mitología romana) es la diosa del amor, la belleza, la sexualidad y en algunos casos se le identifica con la fertilidad, aunque más por su implicación sexual. Representada siempre como una mujer hermosa, con largos cabellos y en actitud sensual tentando siempre a la lujuria.

Las versiones sobre el origen de Afrodita, son divididas, por lo que su culto a fue separado en dos diosas: Afrodita Urania (nacida de la espuma creada del contacto de los genitales de Urano con el mar) y Afrodita Pandemos (nacida de una relación entre Zeus y Dione). Es decir, una es considerada como Divinidad Primordial —anterior a Zeus y los Dioses Olímpicos— y la otra posterior.

Afrodita y Hefesto

Hefesto quiso vengarse de Hera, su madre, por haberlo echado del Olimpo al considerarlo feo y deforme, por lo que la atrapó en un trono construido por él mismo. Nadie fue capaz de liberarla del complejo artilugio por lo que Hefesto pidió a cambio de liberar a su madre, la mano de Afrodita, la diosa más hermosa del Olimpo. Por órdenes de Zeus, Afrodita accedió. A pesar de que el dios del fuego la llenó de joyas y regalos hermosos, Afrodita se sentía sumamente infeliz, por lo que buscó consuelo en brazos de varios amantes, como Adonis, Ares (dios de la guerra) y Hermes (mensajero de los dioses) con quien concibió a Hermafrodito. Helios, el sol, informó a Hefesto de las infidelidades de su esposa y éste construyó una redecilla de oro tan fina como fuerte, con la que pudo atrapar a Afrodita y a Ares en medio de una de sesiones amorosas, exhibiéndolos luego delante de todos los habitantes del Olimpo.

Afrodita y la Guerra de Troya

Peleo y Tetis —futuros padres de Aquiles— invitaron a mortales y dioses al festín de su matrimonio. Sin embargo Eris, a discordia, no fue invitada. Ofendida por el desaire, la diosa dejó caer, en mitad de la gente, una manzana con las palabras “para la más bella” escritas en ella. Afrodita, Hera y Atenea reclamaron la manzana y al no ponerse de acuerdo sobre quien debía poseerla, dejaron caer la responsabilidad de la decisión sobre Zeus. El dios, que no quería enemistarse con ninguna de las diosas, invitó a Paris, príncipe de Troya, a que tomará la decisión. Atenea intentó sobornarlo ofreciéndole fama y fortuna al igual que triunfo en todas sus batallas. Hera, a su vez, le ofreció regalarle un reino entero. Sin embargo, la ganadora fue Afrodita, quien había ofrecido a Paris, darle por esposa a la mortal meas hermosa sobre la tierra. Esta mujer era Helena, esposa de Menelao, rey de Esparta.

Durante un viaje de Paris a Esparta y aprovechando la ausencia de Menelao, Afrodita hace que Helena se enamore del troyano quien en un arranque de pasión decide llevársela consigo, desencadenando así La Guerra de Troya.


La Ninfa Eco

Eco era una ninfa hermosa, que tenía —y manejaba muy bien— el don de la palabra. Contaba largas y hermosas historias y las más bellas palabras salían de su boca con una fluidez natural y un tono de voz hipnotizante.

Un día, en que Zeus se encontraba en el bosque jugueteando con las ninfas, Hera se presentó de improviso, persiguiendo a su marido, molesta por sus continuas infidelidades. Eco, al darse cuenta, comenzó a entretener a Hera con las más variadas historias, mientras las ninfas y el propio Zeus, huían del lugar.

Las ninfas huyeron, pero Hera se dio cuenta del engaño. Furiosa, castigó a Eco despojándola de su voz y permitiendo únicamente que repitiera las últimas palabras de su interlocutor.

Eco y Narciso

Narciso era un joven hijo de la ninfa Liríope y de Céfiso, dios río. El muchacho era realmente hermoso desde su nacimiento. Al verlo, Tiresias predijo que tendría una vida larga y feliz, mientras nunca se viese a sí mismo.

El joven creció en medio de halagos por su belleza y tenía la fama de romper corazones, ya que jamás había correspondido el amor que le profesaban. Eco se enamoró perdidamente de él, pero solo obtuvo su burla, al ver que la ninfa solo era capaz de repetir las últimas palabras que él le decía. Eco, desconsolada, huyó a las montañas, donde se dejó morir de tristeza, quedando de ella únicamente su voz y condenada a repetir por siempre, las últimas palabras de quienes hablan.

Divinidades Primordiales o Primigenias de la Mitología Griega

En el Caos está el origen de las cosas…

Según el poeta Hesíodo, en un principio lo único que existía  era el Caos, o sea el abismo. De pronto, de esa extensión ilimitada, surgió la primera realidad sólida, gracias a fuerzas ordenadoras: Gea (Tellus), La Tierra. Fue ella quien dio un sentido al Caos, instalando en él al suelo como escenario de la vida, y una vez organizado, el Caos se llamó entonces EL Cosmos.

Luego vino La Noche, la tiniebla profunda y debajo de la Tierra se constituyó El Erebo (el crepúsculo), morada de las sombras. Pero sin embargo, todavía quedaba sobre Gea  un espacio vacío, ilimitado; e igualmente que lo hizo con el Caos, lo limitó creando un ser idéntico a ella, capaz de cubrirla por entero. Así creó por sí misma a Caelus (Urano), el Cielo, extenso y estrellado. En soledad creó también a las montañas  y a Ponto (el Mar), siempre inquieto y profundo. Igual que lo hizo la Tierra, La Noche sin unirse a fuerza alguna, creó el  Éter,  luz que iluminaría a los dioses en las regiones más altas de la atmósfera; y creó también al Día, claridad de los mortales que habría de alternarse con su madre para que ésta no se cansara.

Por ese entonces rondaba en el Caos el poderoso Eros, el amor y desde entonces ninguna fuerza podría engendrar nada sola:

…Eros infundió su aliento creador y una sublime sensación de paz inundó el espacio… y ya nada pudo unirse por sí solo sino a través de la más hermosa fuerza creadora… El Amor…

Unidos por Eros, Gea y Caelus engendraron muchos hijos más. Inicialmente fueron doce: seis varones y seis hembras, Los Titanes y Las Titanias, que eran fuerzas violentas que poblaron el mundo. Entre ellos los que más se destacan son:

Temis que simbolizaba el orden, la justicia y la ley. Voluntad  de los dioses y equilibrio perpetuo del mundo.

Mnemosine la memoria universal, el recuerdo que conservan tanto los monumentos como el alma de los hombres.

Tetis alma femenina del mar, que unida a su hermano Océano,  engendró tres mil hijos: todos los ríos del mundo.

Hiperión (el que viaja en las alturas) que es el fuego astral, esposo de la titania Febe, padre de Helios, el Sol; de Selene, La Luna y de Eos, La Aurora.

Yapeto que unido a la Oceánida Clímene engendró cuatro hijos desafortunados:  Atlas el gigante condenado a sostener el mundo sobre sus hombros;  Menecio que más tarde osaría combatir contra  Zeus; Prometeo que desafiaría el poder Olímpico y Epimeteo que acompañaría a su hermano.

  Cronos (Saturno) el dios del tiempo, que todo lo regula y todo lo comanda. A Cronos le es concedido el privilegio de poder crear un nuevo orden en los aires y en las cosas. Revoluciona constantemente la Naturaleza y altera el escenario de la vida, quitando de él a su propio padre. Es insaciable.

   …Cronos, el tiempo, devora todo, sin piedad sin apego. Sólo Mnemosine se le opone, preservando dentro de lo posible la memoria, pero Cronos siempre vence y continúa su implacable camino hacia el olvido…

También hijos de Caelus y de Gea son los Cíclopes y Hecatónquiros los cuales eran criaturas brutales que representaban el poder de la Naturaleza material que siempre opone dificultades y obstáculos al surgimiento de las formas ordenadas. Son la mitificación de los cataclismos que transformaron la faz del mundo, preparándola para recibir a los reinos naturales y al ser humano.

Su padre, les detestaba razón por la que los obliga a vivir en la oscuridad, en el vientre oscuro de Gea, lo cual hace que ésta sufra. Gea, representación de la Naturaleza, quiere liberarlos, ya que la naturaleza no impide la evolución de los fenómenos naturales, más bien los alienta.

Además sufre por la continua fecundidad que le impone  Caelus, ya que desde que se unió a él, su vientre no ha dejado de engendrar hijos, lo cual hace que Gea comience a odiar a su esposo, así que decide pedir ayuda a sus hijos Los Titanes. Sin embargo, todos temen a Caelus, así que se niegan, sólo Cronos acepta el reto conmovido por el sufrimiento de su madre quien le entrega una guadaña, símbolo de la muerte, que tenía guardada con el fin de vengarse de su esposo.

Así cuando Caelus se dirige a su esposa para fecundarla nuevamente, Cronos se le va encima y lo castra. Pero Caelus, no muere, es inmortal, el que muere es su reino, dándole paso al de Cronos, el inclinándose a la implacable necesidad de evolución.  Sólo lanza un grito de dolor y odio, mientras sus genitales vuelan por el espacio y su sangre y su semen cubren el agua y la Tierra, fecundándola otra vez.

De la espuma formada por el contacto del semen con el agua, nace Afrodita diosa del amor; y del semen y la sangre caídas en la Tierra, nacen las Melíadas, ninfas de los bosques,  las Erinias (las Furias)  vengadoras de los crímenes semejantes al de Cronos y Los Gigantes.

Más tarde Cronos se une a Rea (Cíbeles), su hermana, y en ella engendra una multitud de hijos. El reino de Cronos, es un total completo desorden del tiempo. Nacen y mueren seres a cada instante, ya que Cronos devora a sus hijos al nacer, para que no lo destronen. Sólo uno de ellos Zeus, logra salvarse y más tarde liberar a sus hermanos, quienes después, bajo su guía, representando las fuerzas del orden, se enfrentaran con Cronos, el desorden, venciéndole y más tarde serán llamados Los Dioses Olímpicos…

Fuente: Enciclopedia de Mitología Griega. Editorial Planeta.

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