Hércules, símbolo de la fuerza y el heroísmo

Hércules (Heracles, para los romanos), era considerado hijo de Zeus y de Alcmena. Concebido cuando Zeus tomó la forma de Anfitrión, esposo de Alcmena, creció como hijo de este.

Pero por ser hijo de una mortal, Hércules no era inmortal, así que Alcmena, trazó cuidadosamente un plan con la ayuda de Atenea, para hacer que Hera amamantara a Hércules y así éste se volvería inmortal. Entonces, colocaron al niño en una canasta al lado de un río que era frecuentado por Hera y Atenea. Al encontrarlo, Atenea indujo a Hera a que lo amamantara, alegando que era un pobre niño abandonado y tenía hambre. Pero cuando Hera fue a darle de mamar al niño, Hércules la mordió, haciendo que salieran unas gotas de lecha que según el mito, formaron la Vía Láctea. Hera furiosa, juró vengarse del niño y de su madre.

Más tarde, Hera hizo que Hércules enloqueciera y asesinara a sus hijos y a su esposa Megara, por lo que el oráculo de Apolo lo condenó a que trabajara durante doce años bajo las órdenes de Euristeo, rey de Micenas. Así, le sería concedido el perdón, pero nunca le sería concedido el olvido. Hera, al enterarse de esta decisión puso de su lado a Euristeo, con el fin de hacerle más difícil el trabajo a Hércules.

Los Trabajos de Hércules

Primer Trabajo: Un terrible león asustaba la tierra de Nemea. Era hijo de dos monstruos, Equidna y Ortro. Euristeo ordenó a Hércules matarlo. La piel de león era invulnerable. Se enfrascaron en una lucha sin tregua y finalmente, Hércules lo estrangula. Más tarde utilizaría la piel y la cabeza del león como armadura y casco.  El león es convertido por Zeus en una constelación que marcará en el cielo la victoria de Hércules.

Segundo Trabajo: “La Hidra de Lerna” era un monstruo de cien bocas humanas en cuerpo de serpiente. Las cien bocas exhalaban un veneno capaz de secar las plantas y matar a todas las criaturas vivas. Hija de Equina -una ninfa mitad humana mitad serpiente-  y el monstruo Tifón, fue criada por Hera sólo para ser enfrentada a Hércules. Cada una de sus cien cabezas renacía al ser cortada y la cabeza del centro, era inmortal. Hércules, valiéndose de astucia y de fuerza, logró vencerla.

Tercer Trabajo: El tercer trabajo consistía en eliminar a un enorme jabalí que vive en Erimanto. Hércules lo hizo correr hacia la nieve, y como era tan pesado, sus patas se hundieron retardando así su paso. Hércules lo atrapó y lo llevó a Micenas para entregárselo a Euristeo, quien huye despavorido ante la presencia del animal.

Cuarto Trabajo: Zeus se enamoró de una joven llamada Taigete y trató de violarla, pero fue socorrida por Artemisa, así que en agradecimiento, Taigete le consagró una cierva llamada Cerynitis, de patas de bronce y cuernos de oro. Era intocable, ya que pertenecía a Artemisa, pero Euristeo, bajo órdenes de Hera, le encargó a Hércules apresarla, sabiendo que esto molestaría mucho a Artemisa. Hércules había luchado contra monstruos, pero esta vez su enemiga era hermosa e indefensa, lo cual, según plan de Hera, acrecentó el remordimiento del héroe. Sin embargo, la captura, pero camino de Micenas, se topa con Artemisa, quien le reclamó por haber robado su cierva. Hércules le explica, y Artemisa, conmovida, lo dejó continuar. Más adelante, Hércules devolvió la cierva a su dueña.

Quinto Trabajo: En su quinto trabajo, Hércules debió luchar contra millones de pájaros que sembraron el hambre y el desabastecimiento en Estinfalia. El héroe los venció con sus flechas y llevó los cadáveres a Micenas.

Sexto Trabajo: Augías, hijo de Helios, heredó de su padre varios rebaños. Pero Augías era muy indolente y dejó acumular el estiércol en los establos, privando de abono a los cultivos y negando fertilidad a la tierra. Euristeo ordenó a Hércules que limpiara los establos y acarreara el estiércol en la tierra, preparándola para siembra. Hércules se sintió humillado, pero era necesario limpiar su culpa, así que negoció con Augías para que éste le diera una décima parte de los rebaños a cambio de limpiar los establos en un día. Como Augías aceptó el trato, Hércules abrió una grieta en la pared del establo y desvió los cursos de los ríos Alfeo y Peneo para que el agua penetrara por la grieta y saliera por la puerta del establo arrastrando el abono por toda la región. Hecho el trabajo, Hércules reclama su paga y Augías se negó a dársela. Más tarde, terminados los trabajos, Hércules regresó  para vengarse y fundó Los Juegos Olímpicos en conmemoración de todas sus victorias.

Séptimo Trabajo: Minos, hijo adoptivo de Asterio, rey de Creta, recibe de su padre moribundo el cetro, así que decidió gobernar solo, sin tomar en cuenta a sus hermanos. Dio la excusa de que lo hacía, porque como era hijo realmente de Zeus, los dioses no le negarían nada. Para probarlo, pidió a Poseidón que hiciera  salir un toro del fondo del mar, prometiéndole que luego lo sacrificaría. Poseidón lo escuchó pero Minos no sacrificó al toro, así que el dios del mar lo enloqueció. El séptimo trabajo de Hércules consistía en apresarlo y llevarlo a Micenas.

Octavo Trabajo: El cruel Diómedes, que odia a los extranjeros, posee cuatro caballos: Podargos (Pódargos: pies blancos o ligeros), Lampo (Lámpos: brillante, fogoso, ilustre), Xanto (Xhantós: amarillo, dorado, de pelo rubio) y Deino (De Deinós: temible, terrible) , monstruos que lanzaban fuego por las narices y comían únicamente carne humana. La tarea de Hércules, consistía en llevar a Micenas a los caballos de Diómedes. Hércules fue al palacio del rey y cuando éste salió de paseo con sus caballos, se lanzó sobre él y lo estranguló, dándoselo luego de comer a sus propios  caballos. Apaciguada su hambre, los condujo hasta Micenas, donde el rey los consagró a Hera y por primera vez, rindió un homenaje a Hércules.

Noveno Trabajo: Hipólita era la reina de las amazonas y poseía un cinturón, regalo de Ares, dios de la guerra, el cual era famosa por su belleza y porque había sido hecho por Hefesto, el dios herrero. Admeto era la hija de Euristeo, caprichosa y empecinada, convenció a su padre de que le pidiera a Hércules que robara el cinturón para ella poder lucirlo. Así que Hércules emprendió  el camino para llevar a cabo su noveno trabajo. Pero contrario a lo previsto, las amazonas, guerreras por naturaleza, recibieron a Hércules con mucha hospitalidad y ofreciéndole su amistad a tal punto que Hipólita ofreció obsequiarle el cinturón a Hércules para que cumpliera su trabajo. Hera se enteró y decidió intervenir, así que se disfrazó de amazona y gritó que Hércules planeaba secuestrar a Hipólita. Las amazonas atacaron a Hércules y al éste sentirse engañado mató a Hipólita y se apoderó del cinturón.

Décimo Trabajo: En la isla Eristea, vivía el monstruo Gerión, con triple cuerno de gigante y tres horrendas cabezas. Éste tenía un rebaño de bueyes, encargados a Euritrión, un mortal, y a Ortro, un perro de múltiples cabezas y cuerpo de serpiente. La misión de Hércules consistía en llevar los bueyes a Micenas. Tan pronto como llegó fue atacado por Ortro, pero le descargó un golpe con su mazo y lo venció. Luego mató a Euritrión que se acercó atraído por el ruido. Luego el gigante Gerión, acudió en defensa de su rebaño y fue atravesado por las flechas de Hércules. Luego de esto y viendo la facilidad con la que Hércules había realizado el trabajo, Hera mandó unos insectos gigantescos a atacarlo y así perdió el rebaño, pero más tarde logró recuperarlo y llevarlo a Micenas.

Décimo Primer Trabajo:  Consistía en llevarle a Euristeo, al funesto Cerbero, un can hijo de Equidna y Tifón, poseedor de muchas cabezas y que era el guardián de los infiernos. Hércules es guiado por Hermes al Erebo. Todos los muertos huyen ante Hércules, sólo dos se quedan al verlo, Medusa y Meleagro. Hércules trató de herir a Medusa, pero Hermes le explicó que es sólo una sombra sin cuerpo, imposible de alcanzar. Meleagro por su parte, le contó todas sus desdichas y le hizo prometer que desposaría a su hermana Deyanira que quedó sin protección. Luego Hércules se presentó ante Hades y le contó su encargo. Hades decidió dejarlo que se llevara a Cerbero, pero poniéndole como condición que no usara ninguna de sus armas, sólo la piel y la cabeza del león. Hércules dominó a Cerbero y lo llevó hasta Euristeo, que huyó despavorido, así que Hércules decidió  regresarlo.

Décimo Segundo Trabajo: El último trabajó consistió en apoderarse de las manzanas doradas del árbol que Gea había regalado a Hera el día de su casamiento con Zeus. Al llegar al Cáucaso, se encontró con Prometeo, lo libró de sus cadenas y mató al ave que lo atormentaba, éste en recompensa, le dijo que no tomara él mismo las manzanas, sino que le pidiera a Atlas que lo hiciera. Hércules le ofreció a Atlas aliviarle de su trabajo de sostener el mundo si lo ayudaba tomando las manzanas, y así las obtuvo. Euristeo no sabía qué hacer con ellas, así que se las dio a Hércules, que las ofreció a Atenea, quien decidió devolvérselas a Hera.

“La servidumbre de Hércules, por fin ha terminado…”

Hércules decide cumplir con la promesa que había hecho a Meleagro, desposando a Deyanira. Sin embargo, por intervención de Hera, Hércules se enemistó con Apolo, quien lo condenó a servir tres años más como esclavo.

La reina Onfalia lo compró y lo llevó consigo a Lidia, donde lo humilló y lo despojó de su personalidad, obligándolo a vestirse de mujer y a amar a su ama por las noches fingiendo una pasión que en realidad escondía el gran odio que le tenía.

Terminado su período de esclavitud, lo invadió el deseo de venganza, así que se apoderó de Iole, esposa de Eurito, mientras en la corte de Ceyx, Deyanira sufría, ya que el tiempo de servicio  había terminado y aún no tenía noticias de él. Deyanira decidió buscar a Licas, compañero inseparable de Hércules, quien le confesó que su marido se había prendado del amor de Iole. Primero Deyanira se abandonó a una tremenda amargura, luego recordó que el centauro Neso, le había dado un filtro de amor que le devolvería el amor de su marido, así que cuando Hércules le pidió que le mandara una vestimenta nueva, Deyanira  llena la túnica con la mágica poción. Pero no era un filtro de amor lo que el centauro le había dado, era veneno, y al Hércules ponerse la túnica, poco a poco ésta se fue adhiriendo a su piel, así, lentamente y con grandes sufrimientos, Hércules muere.

“ Hera lo perdona y lo recibe con cariño en el Olimpo, junto a su padre, quien le entrega por esposa a la hermosa Hebe, diosa de la juventud. Está cumplido su destino…”

Anuncios

El mito de Prometeo

“…Y cuando toda la creación estuvo lista, el Titán Prometeo creó al hombre y le pidió que poblara la Tierra…”

 El mito de Prometeo es la síntesis de la lucha hombre-divinidad. El mundo está listo, pero falta el hombre, que por evolución lógica debería ser el que destronara a los dioses olímpicos comandados por Zeus.

Prometeo no es un dios Olímpico, es un Titán, hijo de Japeto y Asia que aunque aparenta ante los dioses haber perdonado que le robaran el trono que le tocaba a él y sus hermanos por derecho, guarda el recelo en el fondo de su corazón y sólo espera la oportunidad de vengarse.  Por eso intenta crear una raza capaz de destronar a Zeus y de quitarle su supremacía sobre el universo.

Para hacerlo, Prometeo mezcla barro con sus lágrimas y trabaja hasta que obtiene facciones parecidas a las de los dioses. Satisfecho con su obra, decide crear una multitud de estos seres. Pero cuando termina las observa cómo alineadas y mudas parecieran estar vacías, faltas de vida. Por esto les insufla caracteres de animales: el coraje del león, la fidelidad del caballo, la astucia del zorro… Y éstas comienzan a moverse lenta pero decididamente. Pero todavía les hace falta el espíritu…

Atenea decide ayudar a Prometeo, sin conocer sus intenciones ocultas, así que toma un vaso de néctar divino y lo entrega a los seres para que beban unas gotas. Ya tienen alma, pero no saben qué hacer con ella. Prometeo les enseña, convirtiéndose así en el símbolo de la inteligencia humana. Enseñó a sus criaturas el modo de conocerse a sí mismos y de dominar la naturaleza. Los hombres ya están dotados de cinco sentidos y alma, pero les falta conciencia…

Prometeo decide dárselas, así que comienza pacientemente a enseñarles todo aquello que necesitan saber para sobrevivir. Zeus observa el trabajo y comienza a desconfiar de los hombres. Son demasiado inteligentes. Se convoca a una reunión en el Olimpo y se decide que si los hombres rinden tributo y homenaje a los dioses, serán ayudados y protegidos por éstos. Pero Prometeo piensa utilizar a los hombres como arma en contra de los dioses olímpicos, por haber destronado a los titanes. Espera que el hombre llegue a ser más inteligente y decidido que los dioses.

 La lucha perpetua se inicia…

Ya los hombres estaban casi completos, había una sola cosa que no conocían: el fuego , fundamental para su total desarrollo y progreso. Sabiendo esto, el gran Zeus lo escondió. Los hombres debían comer sus alimentos crudos y fríos. No podían darle forma a los metales que extraían de la tierra. Así, poniendo en marcha su plan de venganza y temiendo por  la raza creada, Prometeo decide darle al hombre el fuego. Toma una rama seca de un árbol y sube al cielo y roba el fuego encendiendo la rama con el calor del sol. Ahora los hombres conocen el secreto del fuego. Poco los diferencia de los dioses, por lo que Zeus y los demás dioses les temen. Los hombres son poderosos y no necesitan de ellos. Buscan la forma de hacerlos dóciles y sumisos de nuevo.

 “Así que Zeus crea la forma más rápida y más fácil de destruir al hombre: La Mujer…”

 Llama a Hefesto y le ordena que confeccione una estatua de bronce. Cada dios le ofrece un don:

“ Atenea (ya enemistada con Prometeo y su creación) le entrega un hermoso vestido y un velo. Cuando está enteramente vestida, Afrodita le ofrece la belleza infinita. Hermes le concede el don de la lengua y Apolo le obsequia una hermosa voz, y la bautizan Pandora…”

 Pandora (todos los dones)  está lista para cumplir su misión. Pero antes de enviarla Zeus le entrega una caja en la que están guardados todos los males y miserias destinados a asolar a los mortales. Cuando Pandora llega la mundo, encuentra a Epimeteo (el que reflexiona tarde) , hermano de Prometeo, quien se enamora de ella y recibe de sus manos la caja. Epimeteo la abre e inmediatamente saltan de ella todas las desgracias del mundo. Sin embargo en el fondo de la caja queda un tesoro, un sentimiento que puede destruir toda la venganza de los dioses: La Esperanza . Zeus no quiere que el hombre espere más nada, así que hace que Pandora cierre la caja y deje a la esperanza dentro.

 “Y así el hombre pierde su paraíso…”

Pandora se convierte en esposa de Epimeteo. Las desgracias llenan al mundo. Los dioses están contentos, el hombre está débil y acepta la esclavitud, pero falta castigar a Prometeo, por haber osado crear al hombre y porque humilló públicamente a Zeus. Por esto es encadenado a la cima del monte Cáucaso, donde un águila gigante devora su hígado durante el día, mientras en la noche vuelve a regenerarse para que la agonía continúe en la mañana. Fueron treinta años de agonía, pero no pidió perdón ni se retractó de sus actos, sólo estuvo jurando saber un secreto de Zeus que sólo diría al ser liberado.

El dios supremo mandó a Hércules a liberarlo y el secreto era que Zeus estaba enamorado de la nereida Tetis y que si la desposaba, tendría un hijo que la destronaría. Prometeo desea volver a ser inmortal, pero para ello necesita encontrar un inmortal que intercambie con él. El centauro Quirón accede, por no soportar los sufrimientos ocasionados por una flecha de Hércules. Y Prometeo vuelve a ser inmortal…

Poseidón, el dios de los mares

Neptuno para los romanos, junto con Zeus y Hades, forma el trío de dioses Olímpicos más poderosos. Hermano de los dos anteriores, también fue devorado por su padre y salvado por Zeus, gracias a una poción hecha por Gea, que hizo vomitar a Cronos. Antes de la lucha con su padre, las Cíclopes lo dotaron del tridente mágico que hace estremecer mar y tierra. Luego del enfrentamiento, le fue otorgado el dominio de los mares y el poder de controlar las aguas y provocar maremotos. Rige también las aguas terrestres como lagos y ríos. Habita en un magnífico palacio en las profundidades del mar Egeo y todos los días recorre su vasto dominio en un carruaje al que están uncidos veloces caballos de cascos de bronce y crines de oro, seguido de un séquito de sirenas, nereidas, centauros marinos, hipocampos, delfines y ninfas marinas.

 “…A su paso las olas se abren tranquilas y las más violentas tempestades se apaciguan respetuosamente ante el magnífico dios del mar y su séquito real…”

Pero Poseidón es también considerado el responsable de los terremotos y  le era atribuida la epilepsia debido a la agitación de la enfermedad. Era el dios de los caballos ya que el ímpetu de estos animales se relacionaba con las olas del mar.

Zeus, el dios supremo de los griegos

Zeus (Júpiter para los romanos), era  el más joven de los Cronidas (hijos de Cronos y Rea) y es considerado la máxima expresión de la mitología griega, ya que era el dios del Universo, el poderoso, representado como el amo y señor de los rayos y las tormentas, y el que regía el destino de  mortales e inmortales, además de haber cerrado el ciclo de las divinidades tenebrosas y las fuerzas desordenadas.

Es la representación de la inteligencia divina y de él, dios del firmamento, emanan las figuras mitológicas que expresan  las mayores manifestaciones del sentimiento, de la mente y del espíritu humano frente a la naturaleza y a los fenómenos de la vida y de la muerte. Representa la victoria del orden sobre el desorden.

Su primer reto y su primera victoria, fue el de salvarse de su propio padre, Cronos, que devoraba a sus hijos por miedo a que éstos lo destronaran. Rea vio en Zeus la salvación de su descendencia, así que al nacer éste, entregó a Cronos una piedra envuelta en pañales, que éste devoró sin notar el engaño. Así Zeus fue criado bajo el cuidado de las ninfas Adostrea e Ida, que se encargaron de su alimento, durante el cual los Curetes (jóvenes sacerdotes de Rea) causaban con sus címbalos, escudos y tambores un espantoso estruendo para que Cronos no escuchara el llanto de su hijo. Las abejas le preparaban la miel y Almatea, su cabra protectora, le daba leche y se convertía en ninfa si advertía que el niño estaba en peligro. Luego, siendo Zeus dios del Olimpo, la premió convirtiéndola en una constelación y dio a las ninfas que lo educaron uno de sus cuernos, dotado con el poder de concederles todo lo que deseaban, llamándolo por esto “El Cuerno de La Abundancia”.

Sin embargo, Zeus tuvo aún que enfrentar  otro reto: tuvo que luchar contra su padre y vencerlo, para luego desterrarlo al Tártaro, y convertirse así en “el Dios del Olimpo”, para lo cual tuvo que acudir a sus hermanos, que ya habían sido devorados, con los que repartió luego sus dominios, tocándole a Poseidón el dominio de las aguas, a Hades el dominio de los infiernos y a el propio Zeus, el cielo y la tierra. Luego de esta guerra tuvo que enfrentarse a los Titanes, sus primos, los 25 hijos de el dios Titán, que envueltos en bolas de fuego, lucharon contra Zeus reclamando sus derechos sobre el trono y la supremacía del Universo. Su más temible enfrentamiento fue contra Tifón, un monstruo mitad hombre, mitad serpiente que lanzaba fuego con la boca y que sólo con su cabeza alcanzaba el cielo. Zeus lo venció con ayuda de Hércules restaurando así la paz en el Olimpo.

Además de ser el dios Supremo,  el dios de las tormentas y el dios del cielo, Zeus era considerado también “el dios padre” visto así como un dios amoroso y preocupado por la humanidad. Era invocado por los humanos como  Zeus Ktesios si de pedir riqueza se trataba , Zeus Herkeios para pedir la protección de casas y ciudades y Zeus Xenios que era invocado por extranjeros y desterrados.

Tomó por esposa a Hera, su hermana, considerada “la diosa del matrimonio”, por lo cual, el título de Zeus del dios de la paternidad, le ocasionó muchos problemas, ya que mientras Hera se identificaba con la fidelidad conyugal y la preservación del matrimonio, Zeus tenía la preocupación de engendrar, dentro o fuera del matrimonio, por lo que a menudo bajaba a la tierra y engendraba hijos con las mortales.

La lluvia dorada

Dánae era hija de Acrisio, rey de Argos y de Eurídice. Acrisio compartía el trono con su hermano Preto, por lo que existía gran rivalidad entre ellos. Dánae, vivió su niñez desligada de esta rivalidad, sin embargo, a medida que iba creciendo y mostrándose como una joven hermosa, su tío puso sus ojos en ella, llegando incluso a aparecérsele en pesadillas donde la perseguía incansablemente para intentar poseerla. Esto, sumado a la imposibilidad de Acrisio de engendrar un heredero varón, acrecentó la rivalidad entre ambos reyes. Acrisio, obsesionado con que su hija consibiera un niño hijo de su hermano que pudiera destronarlo, decidió consultar un oráculo. La predicción no pudo ser más inquietante. No sólo no podría tener jamás un heredero varón, sino que su nieto, hijo de Dánae, le daría muerte. Aturdido por el miedo y la ira, encerró a Dánae dentro de cuatro sólidos muros, para que ésta no pudiese tener ningún tipo de contacto carnal con su tío.

Pero Acrisio no contó con otro pretendiente de mayor peligro que se había enamorado de su hija: Zeus, el dios supremo del Olimpo. Poderoso cual era, Zeus podía haber destruído los muros para poseer a Dánae, pero el reto sería menor y además corría el riesgo de que Hera se enterara de la infidelidad. Así que una noche estrellada en la que Dánae dormía desnuda en su lecho, Zeus se transformó en una hermosa lluvia dorada que entró por la rendija de la ventana de la prisión de la muchacha. Gota a gota fue recorriendo el cuerpo de Dánae y la hizo suya en medio del susto y el desconcierto de la princesa. Así fue engendrado Perseo. Zeus prometió a Dánae su libertad, pero antes de que pudiese actuar, Acrisio se enteró del embarazo de su hija y pensando que habría sido su hermano y recordando las palabras del oráculo, colocó a la desdichada muchacha y a Perseo en un arcón y lo arrojó al mar.

Poseidón intervino y  suaves olas condujeron el arcón hacia la isla de Séfiros, donde serían rescatados por un pescador llamado Dictis quien los acogió en su casa. Perseo creció sin saber su origen y muchos años después, durante unos juegos Olímpicos, lanzó un disco que accidentalmente golpeó la cabeza del rey, su abuelo, quitándole la vida.

 

 

                                                                                                                       

Afrodita

El Nacimiento de Venus de Sandro Botticelli – Galería de los Uffizzi (Florencia)

 

Afrodita (Venus en la mitología romana) es la diosa del amor, la belleza, la sexualidad y en algunos casos se le identifica con la fertilidad, aunque más por su implicación sexual. Representada siempre como una mujer hermosa, con largos cabellos y en actitud sensual tentando siempre a la lujuria.

Las versiones sobre el origen de Afrodita, son divididas, por lo que su culto a fue separado en dos diosas: Afrodita Urania (nacida de la espuma creada del contacto de los genitales de Urano con el mar) y Afrodita Pandemos (nacida de una relación entre Zeus y Dione). Es decir, una es considerada como Divinidad Primordial —anterior a Zeus y los Dioses Olímpicos— y la otra posterior.

Afrodita y Hefesto

Hefesto quiso vengarse de Hera, su madre, por haberlo echado del Olimpo al considerarlo feo y deforme, por lo que la atrapó en un trono construido por él mismo. Nadie fue capaz de liberarla del complejo artilugio por lo que Hefesto pidió a cambio de liberar a su madre, la mano de Afrodita, la diosa más hermosa del Olimpo. Por órdenes de Zeus, Afrodita accedió. A pesar de que el dios del fuego la llenó de joyas y regalos hermosos, Afrodita se sentía sumamente infeliz, por lo que buscó consuelo en brazos de varios amantes, como Adonis, Ares (dios de la guerra) y Hermes (mensajero de los dioses) con quien concibió a Hermafrodito. Helios, el sol, informó a Hefesto de las infidelidades de su esposa y éste construyó una redecilla de oro tan fina como fuerte, con la que pudo atrapar a Afrodita y a Ares en medio de una de sesiones amorosas, exhibiéndolos luego delante de todos los habitantes del Olimpo.

Afrodita y la Guerra de Troya

Peleo y Tetis —futuros padres de Aquiles— invitaron a mortales y dioses al festín de su matrimonio. Sin embargo Eris, a discordia, no fue invitada. Ofendida por el desaire, la diosa dejó caer, en mitad de la gente, una manzana con las palabras “para la más bella” escritas en ella. Afrodita, Hera y Atenea reclamaron la manzana y al no ponerse de acuerdo sobre quien debía poseerla, dejaron caer la responsabilidad de la decisión sobre Zeus. El dios, que no quería enemistarse con ninguna de las diosas, invitó a Paris, príncipe de Troya, a que tomará la decisión. Atenea intentó sobornarlo ofreciéndole fama y fortuna al igual que triunfo en todas sus batallas. Hera, a su vez, le ofreció regalarle un reino entero. Sin embargo, la ganadora fue Afrodita, quien había ofrecido a Paris, darle por esposa a la mortal meas hermosa sobre la tierra. Esta mujer era Helena, esposa de Menelao, rey de Esparta.

Durante un viaje de Paris a Esparta y aprovechando la ausencia de Menelao, Afrodita hace que Helena se enamore del troyano quien en un arranque de pasión decide llevársela consigo, desencadenando así La Guerra de Troya.


La Ninfa Eco

Eco era una ninfa hermosa, que tenía —y manejaba muy bien— el don de la palabra. Contaba largas y hermosas historias y las más bellas palabras salían de su boca con una fluidez natural y un tono de voz hipnotizante.

Un día, en que Zeus se encontraba en el bosque jugueteando con las ninfas, Hera se presentó de improviso, persiguiendo a su marido, molesta por sus continuas infidelidades. Eco, al darse cuenta, comenzó a entretener a Hera con las más variadas historias, mientras las ninfas y el propio Zeus, huían del lugar.

Las ninfas huyeron, pero Hera se dio cuenta del engaño. Furiosa, castigó a Eco despojándola de su voz y permitiendo únicamente que repitiera las últimas palabras de su interlocutor.

Eco y Narciso

Narciso era un joven hijo de la ninfa Liríope y de Céfiso, dios río. El muchacho era realmente hermoso desde su nacimiento. Al verlo, Tiresias predijo que tendría una vida larga y feliz, mientras nunca se viese a sí mismo.

El joven creció en medio de halagos por su belleza y tenía la fama de romper corazones, ya que jamás había correspondido el amor que le profesaban. Eco se enamoró perdidamente de él, pero solo obtuvo su burla, al ver que la ninfa solo era capaz de repetir las últimas palabras que él le decía. Eco, desconsolada, huyó a las montañas, donde se dejó morir de tristeza, quedando de ella únicamente su voz y condenada a repetir por siempre, las últimas palabras de quienes hablan.

  • Entradas recientes

  • Archivos

  • Categorías