Hércules, símbolo de la fuerza y el heroísmo

Hércules (Heracles, para los romanos), era considerado hijo de Zeus y de Alcmena. Concebido cuando Zeus tomó la forma de Anfitrión, esposo de Alcmena, creció como hijo de este.

Pero por ser hijo de una mortal, Hércules no era inmortal, así que Alcmena, trazó cuidadosamente un plan con la ayuda de Atenea, para hacer que Hera amamantara a Hércules y así éste se volvería inmortal. Entonces, colocaron al niño en una canasta al lado de un río que era frecuentado por Hera y Atenea. Al encontrarlo, Atenea indujo a Hera a que lo amamantara, alegando que era un pobre niño abandonado y tenía hambre. Pero cuando Hera fue a darle de mamar al niño, Hércules la mordió, haciendo que salieran unas gotas de lecha que según el mito, formaron la Vía Láctea. Hera furiosa, juró vengarse del niño y de su madre.

Más tarde, Hera hizo que Hércules enloqueciera y asesinara a sus hijos y a su esposa Megara, por lo que el oráculo de Apolo lo condenó a que trabajara durante doce años bajo las órdenes de Euristeo, rey de Micenas. Así, le sería concedido el perdón, pero nunca le sería concedido el olvido. Hera, al enterarse de esta decisión puso de su lado a Euristeo, con el fin de hacerle más difícil el trabajo a Hércules.

Los Trabajos de Hércules

Primer Trabajo: Un terrible león asustaba la tierra de Nemea. Era hijo de dos monstruos, Equidna y Ortro. Euristeo ordenó a Hércules matarlo. La piel de león era invulnerable. Se enfrascaron en una lucha sin tregua y finalmente, Hércules lo estrangula. Más tarde utilizaría la piel y la cabeza del león como armadura y casco.  El león es convertido por Zeus en una constelación que marcará en el cielo la victoria de Hércules.

Segundo Trabajo: “La Hidra de Lerna” era un monstruo de cien bocas humanas en cuerpo de serpiente. Las cien bocas exhalaban un veneno capaz de secar las plantas y matar a todas las criaturas vivas. Hija de Equina -una ninfa mitad humana mitad serpiente-  y el monstruo Tifón, fue criada por Hera sólo para ser enfrentada a Hércules. Cada una de sus cien cabezas renacía al ser cortada y la cabeza del centro, era inmortal. Hércules, valiéndose de astucia y de fuerza, logró vencerla.

Tercer Trabajo: El tercer trabajo consistía en eliminar a un enorme jabalí que vive en Erimanto. Hércules lo hizo correr hacia la nieve, y como era tan pesado, sus patas se hundieron retardando así su paso. Hércules lo atrapó y lo llevó a Micenas para entregárselo a Euristeo, quien huye despavorido ante la presencia del animal.

Cuarto Trabajo: Zeus se enamoró de una joven llamada Taigete y trató de violarla, pero fue socorrida por Artemisa, así que en agradecimiento, Taigete le consagró una cierva llamada Cerynitis, de patas de bronce y cuernos de oro. Era intocable, ya que pertenecía a Artemisa, pero Euristeo, bajo órdenes de Hera, le encargó a Hércules apresarla, sabiendo que esto molestaría mucho a Artemisa. Hércules había luchado contra monstruos, pero esta vez su enemiga era hermosa e indefensa, lo cual, según plan de Hera, acrecentó el remordimiento del héroe. Sin embargo, la captura, pero camino de Micenas, se topa con Artemisa, quien le reclamó por haber robado su cierva. Hércules le explica, y Artemisa, conmovida, lo dejó continuar. Más adelante, Hércules devolvió la cierva a su dueña.

Quinto Trabajo: En su quinto trabajo, Hércules debió luchar contra millones de pájaros que sembraron el hambre y el desabastecimiento en Estinfalia. El héroe los venció con sus flechas y llevó los cadáveres a Micenas.

Sexto Trabajo: Augías, hijo de Helios, heredó de su padre varios rebaños. Pero Augías era muy indolente y dejó acumular el estiércol en los establos, privando de abono a los cultivos y negando fertilidad a la tierra. Euristeo ordenó a Hércules que limpiara los establos y acarreara el estiércol en la tierra, preparándola para siembra. Hércules se sintió humillado, pero era necesario limpiar su culpa, así que negoció con Augías para que éste le diera una décima parte de los rebaños a cambio de limpiar los establos en un día. Como Augías aceptó el trato, Hércules abrió una grieta en la pared del establo y desvió los cursos de los ríos Alfeo y Peneo para que el agua penetrara por la grieta y saliera por la puerta del establo arrastrando el abono por toda la región. Hecho el trabajo, Hércules reclama su paga y Augías se negó a dársela. Más tarde, terminados los trabajos, Hércules regresó  para vengarse y fundó Los Juegos Olímpicos en conmemoración de todas sus victorias.

Séptimo Trabajo: Minos, hijo adoptivo de Asterio, rey de Creta, recibe de su padre moribundo el cetro, así que decidió gobernar solo, sin tomar en cuenta a sus hermanos. Dio la excusa de que lo hacía, porque como era hijo realmente de Zeus, los dioses no le negarían nada. Para probarlo, pidió a Poseidón que hiciera  salir un toro del fondo del mar, prometiéndole que luego lo sacrificaría. Poseidón lo escuchó pero Minos no sacrificó al toro, así que el dios del mar lo enloqueció. El séptimo trabajo de Hércules consistía en apresarlo y llevarlo a Micenas.

Octavo Trabajo: El cruel Diómedes, que odia a los extranjeros, posee cuatro caballos: Podargos (Pódargos: pies blancos o ligeros), Lampo (Lámpos: brillante, fogoso, ilustre), Xanto (Xhantós: amarillo, dorado, de pelo rubio) y Deino (De Deinós: temible, terrible) , monstruos que lanzaban fuego por las narices y comían únicamente carne humana. La tarea de Hércules, consistía en llevar a Micenas a los caballos de Diómedes. Hércules fue al palacio del rey y cuando éste salió de paseo con sus caballos, se lanzó sobre él y lo estranguló, dándoselo luego de comer a sus propios  caballos. Apaciguada su hambre, los condujo hasta Micenas, donde el rey los consagró a Hera y por primera vez, rindió un homenaje a Hércules.

Noveno Trabajo: Hipólita era la reina de las amazonas y poseía un cinturón, regalo de Ares, dios de la guerra, el cual era famosa por su belleza y porque había sido hecho por Hefesto, el dios herrero. Admeto era la hija de Euristeo, caprichosa y empecinada, convenció a su padre de que le pidiera a Hércules que robara el cinturón para ella poder lucirlo. Así que Hércules emprendió  el camino para llevar a cabo su noveno trabajo. Pero contrario a lo previsto, las amazonas, guerreras por naturaleza, recibieron a Hércules con mucha hospitalidad y ofreciéndole su amistad a tal punto que Hipólita ofreció obsequiarle el cinturón a Hércules para que cumpliera su trabajo. Hera se enteró y decidió intervenir, así que se disfrazó de amazona y gritó que Hércules planeaba secuestrar a Hipólita. Las amazonas atacaron a Hércules y al éste sentirse engañado mató a Hipólita y se apoderó del cinturón.

Décimo Trabajo: En la isla Eristea, vivía el monstruo Gerión, con triple cuerno de gigante y tres horrendas cabezas. Éste tenía un rebaño de bueyes, encargados a Euritrión, un mortal, y a Ortro, un perro de múltiples cabezas y cuerpo de serpiente. La misión de Hércules consistía en llevar los bueyes a Micenas. Tan pronto como llegó fue atacado por Ortro, pero le descargó un golpe con su mazo y lo venció. Luego mató a Euritrión que se acercó atraído por el ruido. Luego el gigante Gerión, acudió en defensa de su rebaño y fue atravesado por las flechas de Hércules. Luego de esto y viendo la facilidad con la que Hércules había realizado el trabajo, Hera mandó unos insectos gigantescos a atacarlo y así perdió el rebaño, pero más tarde logró recuperarlo y llevarlo a Micenas.

Décimo Primer Trabajo:  Consistía en llevarle a Euristeo, al funesto Cerbero, un can hijo de Equidna y Tifón, poseedor de muchas cabezas y que era el guardián de los infiernos. Hércules es guiado por Hermes al Erebo. Todos los muertos huyen ante Hércules, sólo dos se quedan al verlo, Medusa y Meleagro. Hércules trató de herir a Medusa, pero Hermes le explicó que es sólo una sombra sin cuerpo, imposible de alcanzar. Meleagro por su parte, le contó todas sus desdichas y le hizo prometer que desposaría a su hermana Deyanira que quedó sin protección. Luego Hércules se presentó ante Hades y le contó su encargo. Hades decidió dejarlo que se llevara a Cerbero, pero poniéndole como condición que no usara ninguna de sus armas, sólo la piel y la cabeza del león. Hércules dominó a Cerbero y lo llevó hasta Euristeo, que huyó despavorido, así que Hércules decidió  regresarlo.

Décimo Segundo Trabajo: El último trabajó consistió en apoderarse de las manzanas doradas del árbol que Gea había regalado a Hera el día de su casamiento con Zeus. Al llegar al Cáucaso, se encontró con Prometeo, lo libró de sus cadenas y mató al ave que lo atormentaba, éste en recompensa, le dijo que no tomara él mismo las manzanas, sino que le pidiera a Atlas que lo hiciera. Hércules le ofreció a Atlas aliviarle de su trabajo de sostener el mundo si lo ayudaba tomando las manzanas, y así las obtuvo. Euristeo no sabía qué hacer con ellas, así que se las dio a Hércules, que las ofreció a Atenea, quien decidió devolvérselas a Hera.

“La servidumbre de Hércules, por fin ha terminado…”

Hércules decide cumplir con la promesa que había hecho a Meleagro, desposando a Deyanira. Sin embargo, por intervención de Hera, Hércules se enemistó con Apolo, quien lo condenó a servir tres años más como esclavo.

La reina Onfalia lo compró y lo llevó consigo a Lidia, donde lo humilló y lo despojó de su personalidad, obligándolo a vestirse de mujer y a amar a su ama por las noches fingiendo una pasión que en realidad escondía el gran odio que le tenía.

Terminado su período de esclavitud, lo invadió el deseo de venganza, así que se apoderó de Iole, esposa de Eurito, mientras en la corte de Ceyx, Deyanira sufría, ya que el tiempo de servicio  había terminado y aún no tenía noticias de él. Deyanira decidió buscar a Licas, compañero inseparable de Hércules, quien le confesó que su marido se había prendado del amor de Iole. Primero Deyanira se abandonó a una tremenda amargura, luego recordó que el centauro Neso, le había dado un filtro de amor que le devolvería el amor de su marido, así que cuando Hércules le pidió que le mandara una vestimenta nueva, Deyanira  llena la túnica con la mágica poción. Pero no era un filtro de amor lo que el centauro le había dado, era veneno, y al Hércules ponerse la túnica, poco a poco ésta se fue adhiriendo a su piel, así, lentamente y con grandes sufrimientos, Hércules muere.

“ Hera lo perdona y lo recibe con cariño en el Olimpo, junto a su padre, quien le entrega por esposa a la hermosa Hebe, diosa de la juventud. Está cumplido su destino…”

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Poseidón, el dios de los mares

Neptuno para los romanos, junto con Zeus y Hades, forma el trío de dioses Olímpicos más poderosos. Hermano de los dos anteriores, también fue devorado por su padre y salvado por Zeus, gracias a una poción hecha por Gea, que hizo vomitar a Cronos. Antes de la lucha con su padre, las Cíclopes lo dotaron del tridente mágico que hace estremecer mar y tierra. Luego del enfrentamiento, le fue otorgado el dominio de los mares y el poder de controlar las aguas y provocar maremotos. Rige también las aguas terrestres como lagos y ríos. Habita en un magnífico palacio en las profundidades del mar Egeo y todos los días recorre su vasto dominio en un carruaje al que están uncidos veloces caballos de cascos de bronce y crines de oro, seguido de un séquito de sirenas, nereidas, centauros marinos, hipocampos, delfines y ninfas marinas.

 “…A su paso las olas se abren tranquilas y las más violentas tempestades se apaciguan respetuosamente ante el magnífico dios del mar y su séquito real…”

Pero Poseidón es también considerado el responsable de los terremotos y  le era atribuida la epilepsia debido a la agitación de la enfermedad. Era el dios de los caballos ya que el ímpetu de estos animales se relacionaba con las olas del mar.

Hades, el dios de los infiernos

Primero vienen Las Moiras (Las Parcas), a anunciar la hora postrera al mortal perplejo ante los últimos instantes de su vida. Después llegan  Las Keres o Las Erinias (Las Furias), si ha sido un crimen grave. Rodean a la víctima y la asustan, la debilitan de cuerpo y espíritu… la aniquilan. El alma sin carne desciende al fondo de la Tierra, al sombrío reino de Hades…”

Hijo también de Cronos y Rea, por lo tanto hermano de Zeus, es el encargado de las sombras y las zonas de ultratumba. Pertenece a la más antigua  generación de dioses Olímpicos, ya que estuvo en la lucha para destronar a su padre. Su principal característica es la invisibilidad, como lo dice su nombre (Hades: invisible) y como lo es su reino, vedado a los ojos de los vivos. Esta invisibilidad, le era dada por un casco que le regalaron los Cíclopes, antes de su lucha contra Cronos.

Se le atribuye también el favorecer al desarrollo de las semillas, enterradas en los límites de su reino, contribuyendo así a la productividad de los campos, lo cual le da un sentido positivo que contrarresta un tanto su relación con la muerte, ante los ojos de la humanidad. Es también, por este hecho, relacionado con Deméter, lo cual se observa claramente en el mito de Perséfone.

A pesar de su relación con la muerte, no era identificado como un demonio, sobretodo porque para los griegos, no existía la figura maligna que incitaba al pecado, ya que cada uno creía que era culpable de sus desgracias. Cuando querían invocarlo, la gente golpeaba el piso con las manos o con una vara y si con esto no atendía, entonces hacían sacrificios en su honor.

El reino del Hades (El Erebo), se dividía en dos sub-reinos:  El Tártaro que era un lugar de expiación, donde los malos pagaban sus culpas (como el infierno para la religión católica) y Los Campos Elíseos que era donde los buenos gozaban de las recompensas de sus acciones (el cielo para los católicos). Ambos sub-reinos se encontraban en las profundidades subterráneas, ya que los cielos eran exclusivamente para que habitaran los dioses.

Las almas de los muertos para poder recorrer su camino al Hades, debían atravesar  el río Aqueronte que corría por los dominios de Hades, a través de una barca manejada por un personaje lúgubre llamado Caronte, al cual le debían pagar con una moneda que los familiares del muerto colocaban debajo de su lengua antes de ser enterrado. Luego debían presentarse delante de Los Tres Jueces de los Muertos, que eran Minos, Eaco y Radamanto , los cuales decidían si el alma iba a ser condenada al Tártaro,( y en este caso cuál sería su castigo) o si iba a ser enviado a los Campos Elíseos, aunque siempre el veredicto final lo daba Hades.

Para llegar a Hades, tenían que atravesar la puerta de su castillo, fielmente cuidada por Cerbero, un can de múltiples cabezas que era el guardián del Erebo.

Hades contaba con algunos súbditos que lo ayudaban a mantener el orden y que se encargaban de buscar las almas para mantener los campos del Erebo llenos. Sus principales ayudantes eran:  Las Parcas que eran tres espíritus de mujeres que estaban hilando todo el tiempo el destino de cada uno de los mortales, y que lo cortaban en el momento en que llegara la hora de la Muerte. Luego estaban Las Erinias, tres espíritus vengadores de los crímenes, que se apostaban frente a la casa de cualquiera que hubiera cometido un crimen, con sus antorchas encendidas para enseñar que aquel debía ser castigado con la muerte. También estaban Las Eres, que cumplían la misma función que las anteriores, pero éstas buscaban a los espíritus que aunque, eran transgresores de algunas leyes, no tenían porqué ser castigados tan severamente. Por último estaba Tánatos (La Muerte), hijo de la noche, que se paseaba con su manto negro por la casa de la víctima para avisarle que sería trasladado al Erebo, y que con mucha frecuencia, era el encargado de enseñarle el camino.

Dentro del Tártaro, habían almas que tan sólo vagaban sin rumbo y otras que eran condenados a grandes suplicios y castigos, mandados por algún dios que había sido ofendido. Algunos casos que podemos citar son: el de Sísifo, que fue condenado por el propio Hades, por haber engañado a Tánatos y haberlo encerrado en un calabozo, por lo que durante ese tiempo nadie murió en el mundo. Sísifo fue condenado a empujar una gigantesca piedra colina arriba, pero al  casi llegar a la cima, esta se le escapaba de las manos y volvía a empezar su trabajo. Tántalo, invitó a los dioses a un banquete y sirvió a su hijo como alimento, así que fue condenado a estar en una laguna con agua hasta a las rodillas, pero el agua nunca puede calmar su sed infinita, ya que se resbala de su boca, y rodeado de árboles frutales, las ramas se alejan cuando trata de alcanzarlas. Además, sólo sueña con banquetes y manjares que jamás podrá alcanzar. Las Danaidades, son las cincuenta hijas de Dánao, que asesinaron a sus cincuenta maridos por lo que fueron condenadas a llenar con sangre una tonel sin fondo. Y por último citaremos a Prometeo que osó retar a Zeus al crear al hombre, y que fue atado a una gran roca donde un animal le devora en el día las entrañas que vuelven a crecerle por la noche, haciendo así interminable su sufrimiento. 

Hades y Perséfone

Core, era una docella hija de Zeus y Deméter, diosa de la tierra y la agricultura. Aunque Core formaba parte de los Dioses Olímpicos, su vida transcurría alejada del resto de los dioses. Era de naturaleza tranquila e inocente, hasta que Hades se fijó en ella y la pidió en matrimonio. Zeus le concedió su mano, pero Deméter se negó rotundamente.

Un día en que Core se encontraba recogiendo flores con algunas ninfas, se abrió una grieta a sus pies de la que salió Hades, quien la tomó y la raptó llevándosela hacia el Erebo. Desconsolada, Core suplicó por su libertad. Durante meses estuvo cautiva en el inframundo, mientras en la tierra, la tristeza de su madre por su desaparición hizo que se perdieran las cosechas y murieran todas las plantas, sumiendo al mundo en una devastación atroz. Ante esta situación, Zeus le ordena a Hades regresarla y envía a Hermes en su búsqueda, con la única con condición de que no la joven no hubiese ingerido alimento alguno. El dios de las sombras accede. Sin embargo, antes de que Core abandone el reino de Hades, éste la invita a comer unas semillas de granada para que no sienta hambre en el trayecto y ella, inocente, acepta.

Gracias al engaño de Hades, Core se ve obligada a pasar la mitad del año en el inframundo. A la tristeza ocasionada a su madre durante su ausencia, le atribuyen los griegos las épocas de escasez y sequía, donde nada es cultivable.

De esta manera, Core, la doncella inocente, se convierte en Perséfone, temida diosa del inframundo, cuyo nombre no es muy seguro pronunciar en voz alta, por lo que simplemente se le llama “la doncella”.

Zeus, el dios supremo de los griegos

Zeus (Júpiter para los romanos), era  el más joven de los Cronidas (hijos de Cronos y Rea) y es considerado la máxima expresión de la mitología griega, ya que era el dios del Universo, el poderoso, representado como el amo y señor de los rayos y las tormentas, y el que regía el destino de  mortales e inmortales, además de haber cerrado el ciclo de las divinidades tenebrosas y las fuerzas desordenadas.

Es la representación de la inteligencia divina y de él, dios del firmamento, emanan las figuras mitológicas que expresan  las mayores manifestaciones del sentimiento, de la mente y del espíritu humano frente a la naturaleza y a los fenómenos de la vida y de la muerte. Representa la victoria del orden sobre el desorden.

Su primer reto y su primera victoria, fue el de salvarse de su propio padre, Cronos, que devoraba a sus hijos por miedo a que éstos lo destronaran. Rea vio en Zeus la salvación de su descendencia, así que al nacer éste, entregó a Cronos una piedra envuelta en pañales, que éste devoró sin notar el engaño. Así Zeus fue criado bajo el cuidado de las ninfas Adostrea e Ida, que se encargaron de su alimento, durante el cual los Curetes (jóvenes sacerdotes de Rea) causaban con sus címbalos, escudos y tambores un espantoso estruendo para que Cronos no escuchara el llanto de su hijo. Las abejas le preparaban la miel y Almatea, su cabra protectora, le daba leche y se convertía en ninfa si advertía que el niño estaba en peligro. Luego, siendo Zeus dios del Olimpo, la premió convirtiéndola en una constelación y dio a las ninfas que lo educaron uno de sus cuernos, dotado con el poder de concederles todo lo que deseaban, llamándolo por esto “El Cuerno de La Abundancia”.

Sin embargo, Zeus tuvo aún que enfrentar  otro reto: tuvo que luchar contra su padre y vencerlo, para luego desterrarlo al Tártaro, y convertirse así en “el Dios del Olimpo”, para lo cual tuvo que acudir a sus hermanos, que ya habían sido devorados, con los que repartió luego sus dominios, tocándole a Poseidón el dominio de las aguas, a Hades el dominio de los infiernos y a el propio Zeus, el cielo y la tierra. Luego de esta guerra tuvo que enfrentarse a los Titanes, sus primos, los 25 hijos de el dios Titán, que envueltos en bolas de fuego, lucharon contra Zeus reclamando sus derechos sobre el trono y la supremacía del Universo. Su más temible enfrentamiento fue contra Tifón, un monstruo mitad hombre, mitad serpiente que lanzaba fuego con la boca y que sólo con su cabeza alcanzaba el cielo. Zeus lo venció con ayuda de Hércules restaurando así la paz en el Olimpo.

Además de ser el dios Supremo,  el dios de las tormentas y el dios del cielo, Zeus era considerado también “el dios padre” visto así como un dios amoroso y preocupado por la humanidad. Era invocado por los humanos como  Zeus Ktesios si de pedir riqueza se trataba , Zeus Herkeios para pedir la protección de casas y ciudades y Zeus Xenios que era invocado por extranjeros y desterrados.

Tomó por esposa a Hera, su hermana, considerada “la diosa del matrimonio”, por lo cual, el título de Zeus del dios de la paternidad, le ocasionó muchos problemas, ya que mientras Hera se identificaba con la fidelidad conyugal y la preservación del matrimonio, Zeus tenía la preocupación de engendrar, dentro o fuera del matrimonio, por lo que a menudo bajaba a la tierra y engendraba hijos con las mortales.

La lluvia dorada

Dánae era hija de Acrisio, rey de Argos y de Eurídice. Acrisio compartía el trono con su hermano Preto, por lo que existía gran rivalidad entre ellos. Dánae, vivió su niñez desligada de esta rivalidad, sin embargo, a medida que iba creciendo y mostrándose como una joven hermosa, su tío puso sus ojos en ella, llegando incluso a aparecérsele en pesadillas donde la perseguía incansablemente para intentar poseerla. Esto, sumado a la imposibilidad de Acrisio de engendrar un heredero varón, acrecentó la rivalidad entre ambos reyes. Acrisio, obsesionado con que su hija consibiera un niño hijo de su hermano que pudiera destronarlo, decidió consultar un oráculo. La predicción no pudo ser más inquietante. No sólo no podría tener jamás un heredero varón, sino que su nieto, hijo de Dánae, le daría muerte. Aturdido por el miedo y la ira, encerró a Dánae dentro de cuatro sólidos muros, para que ésta no pudiese tener ningún tipo de contacto carnal con su tío.

Pero Acrisio no contó con otro pretendiente de mayor peligro que se había enamorado de su hija: Zeus, el dios supremo del Olimpo. Poderoso cual era, Zeus podía haber destruído los muros para poseer a Dánae, pero el reto sería menor y además corría el riesgo de que Hera se enterara de la infidelidad. Así que una noche estrellada en la que Dánae dormía desnuda en su lecho, Zeus se transformó en una hermosa lluvia dorada que entró por la rendija de la ventana de la prisión de la muchacha. Gota a gota fue recorriendo el cuerpo de Dánae y la hizo suya en medio del susto y el desconcierto de la princesa. Así fue engendrado Perseo. Zeus prometió a Dánae su libertad, pero antes de que pudiese actuar, Acrisio se enteró del embarazo de su hija y pensando que habría sido su hermano y recordando las palabras del oráculo, colocó a la desdichada muchacha y a Perseo en un arcón y lo arrojó al mar.

Poseidón intervino y  suaves olas condujeron el arcón hacia la isla de Séfiros, donde serían rescatados por un pescador llamado Dictis quien los acogió en su casa. Perseo creció sin saber su origen y muchos años después, durante unos juegos Olímpicos, lanzó un disco que accidentalmente golpeó la cabeza del rey, su abuelo, quitándole la vida.

 

 

                                                                                                                       

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