El Hades, el infierno de los griegos

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El inframundo es un lugar común en las historias de los griegos. Gobernado por Hades —hermano de Zeus— quien era frecuentemente excluido de las decisiones y los asuntos de “los Olímpicos”, el infierno o Hades, era considerado el polo opuesto del Olimpo celestial. Era allí donde eran juzgados aquellos que hubiesen ofendido a los dioses o que hubiesen cometido faltas graves y luego, eran enviados a las distintas regiones del Tártaro, donde eran condenados a penurias o castigos que debían cumplir por largos períodos de tiempo, cuando no eternamente. El inframundo también abarcaba Los Campos Elíseos y La Isla de los Bienaventurados, donde iban a parar aquellos cuyas vidas hubiesen sido ejemplares y hayan respetado los mandatos de los dioses.

Según Homero, el Hades estaba ubicado en el centro de la Tierra y se conectaba con el mundo de los vivos, a través de túneles, cuevas y ríos como el Aqueronte (río de la aflicción), ubicado al norte de Grecia. El inframundo era rodeado además por otros cuatro ríos: El Estigia (río del odio), el Lete (río del olvido), el Cocito (río de las lamentaciones) y el Piriflegetonte (río del fuego).

Según la Mitología, la puerta del Hades era cuidada por Can Cerbero, el perro de Hades, un monstruo de 3 cabezas hijo de Equidna y Tifón, que se encargaba de que los muertos no salieran y los vivos no entraran. Al comezar su camino, los muertos eran conducidos por Hermes hasta los bordes del río Aqueronte, donde eran llevados en la barca de Caronte, quien les exigía el pago de un óbolo —pequeña moneda de oro o plata— que los familiares del muerto colocaban bajo su lengua. Llevados a los Campos Asfódelos, donde eran juzgados por el tribunal de los muertos, conformado por Minos, rey de Creta; Éaco, rey de Egina y Radamantis, hermano de Minos, quienes se encargaban de juzgar las acciones del recién llegado: aquellos que no hubiesen sido ni “buenos” ni “malvados” eran enviados de vuelta a los Campos Asfódelos, donde pasarían el resto de la eternidad. Las almas impías eran enviados al Tártaro y condenados a algún suplicio, y las almas benévolas o heroicas, eran enviados a los Campos Elíseos.

Figuras emblemáticas del Hades

Perséfone: Esposa de Hades, reina de los infiernos. Perséfone pasaba seis de los doce meses del año en el Hades, condenada a alternar su tiempo entre el inframundo y el mundo de los vivos, al haber caido en una trampa tendida por el propio Hades y haber mordido una manzana dentro del infierno. (Véase el mito de Hades y Perséfone)

Mégara: Esposa de Hércules, con quien tuvo tres hijos: Terímaco, Creontiades y Deicoonte. Tanto Mégara, como sus hijos fueron asesinados por el propio Hércules, cuando Hera lo indujo a través de un engaño, haciéndolo pagar por las infidelidades de Zeus, padre del héroe. Hércules fue juzgado y condenado a realizar doce trabajos, para lograr el perdón y la absolución. (Véase el mito de Hércules).

Orfeo: Hijo de la musa Calíope, Orfeo se enamora perdidamente de la ninfa Eurídice, a quien hace su esposa, pero la tragedia hace que la joven mujer, al intentar escapar de Aristeo, quien pretendía poseerla, pise una serpiente venenosa y muera sin que Orfeo pudiese hacer nada. Entonando canciones lastimeras, fue escuchado por los dioses quienes lo incitaron a que fuese al inframundo y hablase con el propio Hades para pedir que Eurídice volviera. Armado solo con su voz y con su lira, Orfeo hace el peligroso viaje hasta llegar a la presencia de Hades y Perséfone, a quienes cuenta sus intenciones. Los reyes del Hades acceden, con la condición, de que Orfeo llevase a Eurídice hasta el mundo de los vivos, sin nunca mirar atrás, hasta que no estuviese totalmente cubierta por los rayos del sol. Orfeo hace el viaje sin dudar, llevando a Eurídice con él, y al salir del inframundo, voltea para ver a su bella esposa, sin percatarse de que Eurídice tenía todavía un pie bajo las sombras, por lo que se desvanece, perdiendo la oportunidad de volver al mundo de los vivos.

Sísifo: Avaro y mentiroso rey de Corinto, intentó engañar a la muerte cuando ella vino a buscarlo. Dice el mito, que Tánatos, la muerte, fue a buscar a Sísifo llegada su hora, pero éste, tras un ardid, logró engañarla y atraparla, apresándola por medio de grilletes. Durante el tiempo que Tánatos estuvo secuestrada por Sísifo, nadie murió en la Tierra, hasta que la muerte fue rescatad por Ares y Sísifo fue enviado al inframundo. Fue juzgado y castigado a empujar eternamente una gran y pesada roca, que rueda colina abajo, cuando Sísifo está por acercarse a la cima.

Hermes: Mensajero de los dioses y encargado de conducir las almas hasta el infierno.

Tántalo: Rey de Asia Menor, que osó robar la ambrosía y el néctar a los dioses. Fue condenado a estar rodeado eternamente de grandes manjares y bebidas deliciosas, pero jamás poder alcanzarlas para saciar su hambre y su sed.

Poseidón, el dios de los mares

Neptuno para los romanos, junto con Zeus y Hades, forma el trío de dioses Olímpicos más poderosos. Hermano de los dos anteriores, también fue devorado por su padre y salvado por Zeus, gracias a una poción hecha por Gea, que hizo vomitar a Cronos. Antes de la lucha con su padre, las Cíclopes lo dotaron del tridente mágico que hace estremecer mar y tierra. Luego del enfrentamiento, le fue otorgado el dominio de los mares y el poder de controlar las aguas y provocar maremotos. Rige también las aguas terrestres como lagos y ríos. Habita en un magnífico palacio en las profundidades del mar Egeo y todos los días recorre su vasto dominio en un carruaje al que están uncidos veloces caballos de cascos de bronce y crines de oro, seguido de un séquito de sirenas, nereidas, centauros marinos, hipocampos, delfines y ninfas marinas.

 “…A su paso las olas se abren tranquilas y las más violentas tempestades se apaciguan respetuosamente ante el magnífico dios del mar y su séquito real…”

Pero Poseidón es también considerado el responsable de los terremotos y  le era atribuida la epilepsia debido a la agitación de la enfermedad. Era el dios de los caballos ya que el ímpetu de estos animales se relacionaba con las olas del mar.

Hades, el dios de los infiernos

Primero vienen Las Moiras (Las Parcas), a anunciar la hora postrera al mortal perplejo ante los últimos instantes de su vida. Después llegan  Las Keres o Las Erinias (Las Furias), si ha sido un crimen grave. Rodean a la víctima y la asustan, la debilitan de cuerpo y espíritu… la aniquilan. El alma sin carne desciende al fondo de la Tierra, al sombrío reino de Hades…”

Hijo también de Cronos y Rea, por lo tanto hermano de Zeus, es el encargado de las sombras y las zonas de ultratumba. Pertenece a la más antigua  generación de dioses Olímpicos, ya que estuvo en la lucha para destronar a su padre. Su principal característica es la invisibilidad, como lo dice su nombre (Hades: invisible) y como lo es su reino, vedado a los ojos de los vivos. Esta invisibilidad, le era dada por un casco que le regalaron los Cíclopes, antes de su lucha contra Cronos.

Se le atribuye también el favorecer al desarrollo de las semillas, enterradas en los límites de su reino, contribuyendo así a la productividad de los campos, lo cual le da un sentido positivo que contrarresta un tanto su relación con la muerte, ante los ojos de la humanidad. Es también, por este hecho, relacionado con Deméter, lo cual se observa claramente en el mito de Perséfone.

A pesar de su relación con la muerte, no era identificado como un demonio, sobretodo porque para los griegos, no existía la figura maligna que incitaba al pecado, ya que cada uno creía que era culpable de sus desgracias. Cuando querían invocarlo, la gente golpeaba el piso con las manos o con una vara y si con esto no atendía, entonces hacían sacrificios en su honor.

El reino del Hades (El Erebo), se dividía en dos sub-reinos:  El Tártaro que era un lugar de expiación, donde los malos pagaban sus culpas (como el infierno para la religión católica) y Los Campos Elíseos que era donde los buenos gozaban de las recompensas de sus acciones (el cielo para los católicos). Ambos sub-reinos se encontraban en las profundidades subterráneas, ya que los cielos eran exclusivamente para que habitaran los dioses.

Las almas de los muertos para poder recorrer su camino al Hades, debían atravesar  el río Aqueronte que corría por los dominios de Hades, a través de una barca manejada por un personaje lúgubre llamado Caronte, al cual le debían pagar con una moneda que los familiares del muerto colocaban debajo de su lengua antes de ser enterrado. Luego debían presentarse delante de Los Tres Jueces de los Muertos, que eran Minos, Eaco y Radamanto , los cuales decidían si el alma iba a ser condenada al Tártaro,( y en este caso cuál sería su castigo) o si iba a ser enviado a los Campos Elíseos, aunque siempre el veredicto final lo daba Hades.

Para llegar a Hades, tenían que atravesar la puerta de su castillo, fielmente cuidada por Cerbero, un can de múltiples cabezas que era el guardián del Erebo.

Hades contaba con algunos súbditos que lo ayudaban a mantener el orden y que se encargaban de buscar las almas para mantener los campos del Erebo llenos. Sus principales ayudantes eran:  Las Parcas que eran tres espíritus de mujeres que estaban hilando todo el tiempo el destino de cada uno de los mortales, y que lo cortaban en el momento en que llegara la hora de la Muerte. Luego estaban Las Erinias, tres espíritus vengadores de los crímenes, que se apostaban frente a la casa de cualquiera que hubiera cometido un crimen, con sus antorchas encendidas para enseñar que aquel debía ser castigado con la muerte. También estaban Las Eres, que cumplían la misma función que las anteriores, pero éstas buscaban a los espíritus que aunque, eran transgresores de algunas leyes, no tenían porqué ser castigados tan severamente. Por último estaba Tánatos (La Muerte), hijo de la noche, que se paseaba con su manto negro por la casa de la víctima para avisarle que sería trasladado al Erebo, y que con mucha frecuencia, era el encargado de enseñarle el camino.

Dentro del Tártaro, habían almas que tan sólo vagaban sin rumbo y otras que eran condenados a grandes suplicios y castigos, mandados por algún dios que había sido ofendido. Algunos casos que podemos citar son: el de Sísifo, que fue condenado por el propio Hades, por haber engañado a Tánatos y haberlo encerrado en un calabozo, por lo que durante ese tiempo nadie murió en el mundo. Sísifo fue condenado a empujar una gigantesca piedra colina arriba, pero al  casi llegar a la cima, esta se le escapaba de las manos y volvía a empezar su trabajo. Tántalo, invitó a los dioses a un banquete y sirvió a su hijo como alimento, así que fue condenado a estar en una laguna con agua hasta a las rodillas, pero el agua nunca puede calmar su sed infinita, ya que se resbala de su boca, y rodeado de árboles frutales, las ramas se alejan cuando trata de alcanzarlas. Además, sólo sueña con banquetes y manjares que jamás podrá alcanzar. Las Danaidades, son las cincuenta hijas de Dánao, que asesinaron a sus cincuenta maridos por lo que fueron condenadas a llenar con sangre una tonel sin fondo. Y por último citaremos a Prometeo que osó retar a Zeus al crear al hombre, y que fue atado a una gran roca donde un animal le devora en el día las entrañas que vuelven a crecerle por la noche, haciendo así interminable su sufrimiento. 

Hades y Perséfone

Core, era una docella hija de Zeus y Deméter, diosa de la tierra y la agricultura. Aunque Core formaba parte de los Dioses Olímpicos, su vida transcurría alejada del resto de los dioses. Era de naturaleza tranquila e inocente, hasta que Hades se fijó en ella y la pidió en matrimonio. Zeus le concedió su mano, pero Deméter se negó rotundamente.

Un día en que Core se encontraba recogiendo flores con algunas ninfas, se abrió una grieta a sus pies de la que salió Hades, quien la tomó y la raptó llevándosela hacia el Erebo. Desconsolada, Core suplicó por su libertad. Durante meses estuvo cautiva en el inframundo, mientras en la tierra, la tristeza de su madre por su desaparición hizo que se perdieran las cosechas y murieran todas las plantas, sumiendo al mundo en una devastación atroz. Ante esta situación, Zeus le ordena a Hades regresarla y envía a Hermes en su búsqueda, con la única con condición de que no la joven no hubiese ingerido alimento alguno. El dios de las sombras accede. Sin embargo, antes de que Core abandone el reino de Hades, éste la invita a comer unas semillas de granada para que no sienta hambre en el trayecto y ella, inocente, acepta.

Gracias al engaño de Hades, Core se ve obligada a pasar la mitad del año en el inframundo. A la tristeza ocasionada a su madre durante su ausencia, le atribuyen los griegos las épocas de escasez y sequía, donde nada es cultivable.

De esta manera, Core, la doncella inocente, se convierte en Perséfone, temida diosa del inframundo, cuyo nombre no es muy seguro pronunciar en voz alta, por lo que simplemente se le llama “la doncella”.

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