Hermes, dios de los poetas y los ladrones

“…de multiforme ingenio (polytropos), de astutos pensamientos, ladrón, cuatrero de bueyes, jefe de los sueños, espía nocturno, guardián de las puertas, que muy pronto habría de hacer alarde de gloriosas hazañas ante los inmortales dioses…” —Homero

Mercurio para los romanos, era hijo de la pléyade Maya y de Zeus, con sólo horas de nacido robó el rebaño de Apolo, el tridente de Poseidón, el ceñidor de Afrodita, las herramientas de Hefesto y el cetro de Zeus sin que nadie sospechara o dudase de un niño recién nacido, por lo que  Zeus, lo nombró “dios de los ladrones” (aunque en realidad, se le considera dios de los ladrones ingeniosos). También era dios de los mercaderes y los viajeros, de los pastores, los poetas y los mentirosos. Era, junto con Iris, el mensajero del Olimpo y a pesar de sus ingeniosas bromas, gozaba de la simpatía de todos los dioses, sobretodo de Zeus. Pero éste un día se cansó de tanto hurto y lo desterró de la mansión Olímpica.

Fue amante de Afrodita y Hefesto se encargó de ridiculizarlos delante de todos los dioses, al confeccionar una red con las que los atrapó y los exhibió por días en el Olimpo. Ayudó a Perseo en la muerte de la gorgona Medusa, dándole sus sandalias aladas y las hoz de Zeus. También es el encargado de llevar a Eurídice de vuelta al Erebo, luego de Orfeo se vuelve a mirarla por segunda vez. Fue el encargado también de llevar a Pandora hasta el mundo y presentarla a los humanos. Protegió a Dioniso de la ira de Hera, que mató a su madre.

Según algunas versiones, Hermes es padre de Eros junto con Afrodita, aunque otros mitos consideran a Eros un dios primigenio.

Dédalo e Ícaro

Dédalo e Ícaro

En una ocasión en que el rey Minos quería impresionar a los cretenses, les dijo que los dioses responderían a cualquier petición suya y los animó a que lo probaran. Los cretenses le dijeron que pidiera al dios Poseidón, que hiciese salir un toro del mar. Minos rezó fervientemente y prometió, que si el dios hacía aparecer el toro, él luego lo sacrificaría en su honor. Ante el asombro de todos, las aguas del mar se abrieron y apareció un magnífico toro blanco.Pero Minos, impresionado con la belleza del toro, decidió unirlo al resto de su ganado, y en su lugar sacrificó un toro normal. Esto enfureció a Poseidón y en venganza, hizo que la bella Pasífae, la que brilla, esposa de Minos se enamorara del espléndido toro.

La reina le regaló innumerables caricias, pero el toro no mostraba interés alguno. Aturdida por la pasión inconsumada, Pasífae confiesa su enfermizo amor a Dédalo, famoso por sus habilidades en la construcción de muñecas de madera con apariencia humana. El ateniense promete ayudarla y construye una vaca hueca hecha de madera, en donde Pasífae se esconde. El toro al ver el artilugio intenta la monta y de esta forma Pasífae ve consumado su amor. De esta unión nace el Minotauro (hijo-toro de Minos), bestia con el cuerpo de un hombre y la cabeza y los cuernos de un toro. Minos lo aceptó, hasta que la bestia comenzó a mostrar gusto por la carne humana. El rey no quiso destruirlo para no enfurecer más a Poseidón y decide llamar a Dédalo para pedirle que construya una prisión especial para el Minotauro. Dédalo construye una red de pasadizos y cámaras, algunas superficiales y otras subterráneas, del cual era imposible encontrar la salida. Este Laberinto se convierte en el hogar del Minotauro.

Dédalo y su hijo Ícaro, son desterrados de Atenas, cuando el inventor arrojó a su primo desde lo alto de un risco, en un arranque de celos por los logros obtenidos por el muchacho con algunos de sus inventos. Minos lo recibe en Creta, agradecido por haber construido el Laberinto. Sin embargo, Dédalo vuelve a retar al rey, entregando a la princesa Ariadna, un carrete de hilo que esta da a Teseo para que logre entrar al Laberinto, destruir al Minotauro y salir ileso. Minos se entera de que fue también el propio Dédalo quien ayudó Pasífae a consumar su ilícita aventura y lo encierra junto a su hijo en el Laberinto. En retribución del favor hecho, Pasífae ayuda a Dédalo e Ícaro a escapar del Laberinto, pero todavía les quedaba otra dificultad que sortear. Minos había puesto fuerte vigilancia en toda la isla de Creta, por lo que les era imposible escapara por mar. Ingenioso, Dédalo construyó dos pares de alas gigantes, utilizando hilo para juntar las plumas más grandes y cera para las más pequeñas. Mostró a su hijo cómo volar y lo advirtió de que no volara muy bajo porque el agua del mar mojaría las alas haciéndolas muy pesadas, ni volara muy alto porque el calor del sol derretiría la cera de las velas. Pero Ícaro se vio seducido por la sensación del vuelo y comenzó a subir cada vez más alto. El sol derritió la cera de sus alas e Ícaro se precipitó cayendo sobre los riscos.

Dédalo voló con más cuidado y aterrizó en Italia. Minos lo buscó incansablemente. Ideó un acertijo que sabía que sólo el inventor sería capaz de resolver y ofreció una fuerte recompensa a quien lo resolviera. El rey Cócalo de Sicilia, quien había dado hogar a Dédalo en su reino, le pidió que resolviera el acertijo, sin saber que se trataba de una trampa de Minos. Cuando recibió el acertijo resuelto supo que Dédalo se encontraba en el reino de Cócalo y exigió que le fuese entregado. El rey siciliano accedió, pero lo convenció de que tomara un baño primero e hizo que sus hijas lo mataran utilizando agua caliente.

Hércules, símbolo de la fuerza y el heroísmo

Hércules (Heracles, para los romanos), era considerado hijo de Zeus y de Alcmena. Concebido cuando Zeus tomó la forma de Anfitrión, esposo de Alcmena, creció como hijo de este.

Pero por ser hijo de una mortal, Hércules no era inmortal, así que Alcmena, trazó cuidadosamente un plan con la ayuda de Atenea, para hacer que Hera amamantara a Hércules y así éste se volvería inmortal. Entonces, colocaron al niño en una canasta al lado de un río que era frecuentado por Hera y Atenea. Al encontrarlo, Atenea indujo a Hera a que lo amamantara, alegando que era un pobre niño abandonado y tenía hambre. Pero cuando Hera fue a darle de mamar al niño, Hércules la mordió, haciendo que salieran unas gotas de lecha que según el mito, formaron la Vía Láctea. Hera furiosa, juró vengarse del niño y de su madre.

Más tarde, Hera hizo que Hércules enloqueciera y asesinara a sus hijos y a su esposa Megara, por lo que el oráculo de Apolo lo condenó a que trabajara durante doce años bajo las órdenes de Euristeo, rey de Micenas. Así, le sería concedido el perdón, pero nunca le sería concedido el olvido. Hera, al enterarse de esta decisión puso de su lado a Euristeo, con el fin de hacerle más difícil el trabajo a Hércules.

Los Trabajos de Hércules

Primer Trabajo: Un terrible león asustaba la tierra de Nemea. Era hijo de dos monstruos, Equidna y Ortro. Euristeo ordenó a Hércules matarlo. La piel de león era invulnerable. Se enfrascaron en una lucha sin tregua y finalmente, Hércules lo estrangula. Más tarde utilizaría la piel y la cabeza del león como armadura y casco.  El león es convertido por Zeus en una constelación que marcará en el cielo la victoria de Hércules.

Segundo Trabajo: “La Hidra de Lerna” era un monstruo de cien bocas humanas en cuerpo de serpiente. Las cien bocas exhalaban un veneno capaz de secar las plantas y matar a todas las criaturas vivas. Hija de Equina -una ninfa mitad humana mitad serpiente-  y el monstruo Tifón, fue criada por Hera sólo para ser enfrentada a Hércules. Cada una de sus cien cabezas renacía al ser cortada y la cabeza del centro, era inmortal. Hércules, valiéndose de astucia y de fuerza, logró vencerla.

Tercer Trabajo: El tercer trabajo consistía en eliminar a un enorme jabalí que vive en Erimanto. Hércules lo hizo correr hacia la nieve, y como era tan pesado, sus patas se hundieron retardando así su paso. Hércules lo atrapó y lo llevó a Micenas para entregárselo a Euristeo, quien huye despavorido ante la presencia del animal.

Cuarto Trabajo: Zeus se enamoró de una joven llamada Taigete y trató de violarla, pero fue socorrida por Artemisa, así que en agradecimiento, Taigete le consagró una cierva llamada Cerynitis, de patas de bronce y cuernos de oro. Era intocable, ya que pertenecía a Artemisa, pero Euristeo, bajo órdenes de Hera, le encargó a Hércules apresarla, sabiendo que esto molestaría mucho a Artemisa. Hércules había luchado contra monstruos, pero esta vez su enemiga era hermosa e indefensa, lo cual, según plan de Hera, acrecentó el remordimiento del héroe. Sin embargo, la captura, pero camino de Micenas, se topa con Artemisa, quien le reclamó por haber robado su cierva. Hércules le explica, y Artemisa, conmovida, lo dejó continuar. Más adelante, Hércules devolvió la cierva a su dueña.

Quinto Trabajo: En su quinto trabajo, Hércules debió luchar contra millones de pájaros que sembraron el hambre y el desabastecimiento en Estinfalia. El héroe los venció con sus flechas y llevó los cadáveres a Micenas.

Sexto Trabajo: Augías, hijo de Helios, heredó de su padre varios rebaños. Pero Augías era muy indolente y dejó acumular el estiércol en los establos, privando de abono a los cultivos y negando fertilidad a la tierra. Euristeo ordenó a Hércules que limpiara los establos y acarreara el estiércol en la tierra, preparándola para siembra. Hércules se sintió humillado, pero era necesario limpiar su culpa, así que negoció con Augías para que éste le diera una décima parte de los rebaños a cambio de limpiar los establos en un día. Como Augías aceptó el trato, Hércules abrió una grieta en la pared del establo y desvió los cursos de los ríos Alfeo y Peneo para que el agua penetrara por la grieta y saliera por la puerta del establo arrastrando el abono por toda la región. Hecho el trabajo, Hércules reclama su paga y Augías se negó a dársela. Más tarde, terminados los trabajos, Hércules regresó  para vengarse y fundó Los Juegos Olímpicos en conmemoración de todas sus victorias.

Séptimo Trabajo: Minos, hijo adoptivo de Asterio, rey de Creta, recibe de su padre moribundo el cetro, así que decidió gobernar solo, sin tomar en cuenta a sus hermanos. Dio la excusa de que lo hacía, porque como era hijo realmente de Zeus, los dioses no le negarían nada. Para probarlo, pidió a Poseidón que hiciera  salir un toro del fondo del mar, prometiéndole que luego lo sacrificaría. Poseidón lo escuchó pero Minos no sacrificó al toro, así que el dios del mar lo enloqueció. El séptimo trabajo de Hércules consistía en apresarlo y llevarlo a Micenas.

Octavo Trabajo: El cruel Diómedes, que odia a los extranjeros, posee cuatro caballos: Podargos (Pódargos: pies blancos o ligeros), Lampo (Lámpos: brillante, fogoso, ilustre), Xanto (Xhantós: amarillo, dorado, de pelo rubio) y Deino (De Deinós: temible, terrible) , monstruos que lanzaban fuego por las narices y comían únicamente carne humana. La tarea de Hércules, consistía en llevar a Micenas a los caballos de Diómedes. Hércules fue al palacio del rey y cuando éste salió de paseo con sus caballos, se lanzó sobre él y lo estranguló, dándoselo luego de comer a sus propios  caballos. Apaciguada su hambre, los condujo hasta Micenas, donde el rey los consagró a Hera y por primera vez, rindió un homenaje a Hércules.

Noveno Trabajo: Hipólita era la reina de las amazonas y poseía un cinturón, regalo de Ares, dios de la guerra, el cual era famosa por su belleza y porque había sido hecho por Hefesto, el dios herrero. Admeto era la hija de Euristeo, caprichosa y empecinada, convenció a su padre de que le pidiera a Hércules que robara el cinturón para ella poder lucirlo. Así que Hércules emprendió  el camino para llevar a cabo su noveno trabajo. Pero contrario a lo previsto, las amazonas, guerreras por naturaleza, recibieron a Hércules con mucha hospitalidad y ofreciéndole su amistad a tal punto que Hipólita ofreció obsequiarle el cinturón a Hércules para que cumpliera su trabajo. Hera se enteró y decidió intervenir, así que se disfrazó de amazona y gritó que Hércules planeaba secuestrar a Hipólita. Las amazonas atacaron a Hércules y al éste sentirse engañado mató a Hipólita y se apoderó del cinturón.

Décimo Trabajo: En la isla Eristea, vivía el monstruo Gerión, con triple cuerno de gigante y tres horrendas cabezas. Éste tenía un rebaño de bueyes, encargados a Euritrión, un mortal, y a Ortro, un perro de múltiples cabezas y cuerpo de serpiente. La misión de Hércules consistía en llevar los bueyes a Micenas. Tan pronto como llegó fue atacado por Ortro, pero le descargó un golpe con su mazo y lo venció. Luego mató a Euritrión que se acercó atraído por el ruido. Luego el gigante Gerión, acudió en defensa de su rebaño y fue atravesado por las flechas de Hércules. Luego de esto y viendo la facilidad con la que Hércules había realizado el trabajo, Hera mandó unos insectos gigantescos a atacarlo y así perdió el rebaño, pero más tarde logró recuperarlo y llevarlo a Micenas.

Décimo Primer Trabajo:  Consistía en llevarle a Euristeo, al funesto Cerbero, un can hijo de Equidna y Tifón, poseedor de muchas cabezas y que era el guardián de los infiernos. Hércules es guiado por Hermes al Erebo. Todos los muertos huyen ante Hércules, sólo dos se quedan al verlo, Medusa y Meleagro. Hércules trató de herir a Medusa, pero Hermes le explicó que es sólo una sombra sin cuerpo, imposible de alcanzar. Meleagro por su parte, le contó todas sus desdichas y le hizo prometer que desposaría a su hermana Deyanira que quedó sin protección. Luego Hércules se presentó ante Hades y le contó su encargo. Hades decidió dejarlo que se llevara a Cerbero, pero poniéndole como condición que no usara ninguna de sus armas, sólo la piel y la cabeza del león. Hércules dominó a Cerbero y lo llevó hasta Euristeo, que huyó despavorido, así que Hércules decidió  regresarlo.

Décimo Segundo Trabajo: El último trabajó consistió en apoderarse de las manzanas doradas del árbol que Gea había regalado a Hera el día de su casamiento con Zeus. Al llegar al Cáucaso, se encontró con Prometeo, lo libró de sus cadenas y mató al ave que lo atormentaba, éste en recompensa, le dijo que no tomara él mismo las manzanas, sino que le pidiera a Atlas que lo hiciera. Hércules le ofreció a Atlas aliviarle de su trabajo de sostener el mundo si lo ayudaba tomando las manzanas, y así las obtuvo. Euristeo no sabía qué hacer con ellas, así que se las dio a Hércules, que las ofreció a Atenea, quien decidió devolvérselas a Hera.

“La servidumbre de Hércules, por fin ha terminado…”

Hércules decide cumplir con la promesa que había hecho a Meleagro, desposando a Deyanira. Sin embargo, por intervención de Hera, Hércules se enemistó con Apolo, quien lo condenó a servir tres años más como esclavo.

La reina Onfalia lo compró y lo llevó consigo a Lidia, donde lo humilló y lo despojó de su personalidad, obligándolo a vestirse de mujer y a amar a su ama por las noches fingiendo una pasión que en realidad escondía el gran odio que le tenía.

Terminado su período de esclavitud, lo invadió el deseo de venganza, así que se apoderó de Iole, esposa de Eurito, mientras en la corte de Ceyx, Deyanira sufría, ya que el tiempo de servicio  había terminado y aún no tenía noticias de él. Deyanira decidió buscar a Licas, compañero inseparable de Hércules, quien le confesó que su marido se había prendado del amor de Iole. Primero Deyanira se abandonó a una tremenda amargura, luego recordó que el centauro Neso, le había dado un filtro de amor que le devolvería el amor de su marido, así que cuando Hércules le pidió que le mandara una vestimenta nueva, Deyanira  llena la túnica con la mágica poción. Pero no era un filtro de amor lo que el centauro le había dado, era veneno, y al Hércules ponerse la túnica, poco a poco ésta se fue adhiriendo a su piel, así, lentamente y con grandes sufrimientos, Hércules muere.

“ Hera lo perdona y lo recibe con cariño en el Olimpo, junto a su padre, quien le entrega por esposa a la hermosa Hebe, diosa de la juventud. Está cumplido su destino…”

Los Sátiros

Los dos Sátiros de Pedro Pablo Rubens

Los Sátiros son criaturas silvestres e indomables, mitad hombre y mitad animales. Generalmente se les representa con el cuerpo, los brazos y los órganos sexuales de un hombre y las patas, pezuñas, cola y orejas de una cabra.

Con tanto amor por la danza y la música como por la bebida y la juerga, eran considerados fieles miembros del cortejo de Dioniso, dios del vino para los griegos (Baco para los romanos). En compañía de las Ménades y del dios Pan, realizaban grandes fiestas y orgías donde bailaban el “sikinnis” al compás de las siringas tocadas por otros sátiro, cumpliendo así la labor de encomendada por Dioniso de difundir las delicias del vino entre la humanidad.

Se los considera descendientes de Sileno y los 3 sátiros mayores eran Marón, Leneo y Astreo.

Los Gnomos

“Hoy he visto con mis propios ojos una persona en miniatura. llevaba un gorro rojo y una blusa azul. Su barba era blanca y sus pantalones verde. Dijo que hacía 20 años que vivía en estas tierras (…) Dijo que descendía de una raza llamada Kuwalden, palabra desconocida para nosotros y de la que sólo existen unos cuantos en el mundo. Le gusta la leche y tiene increíbles habilidades para curar a los animales enfermos…” (Publio Octavio – año 470 d.C.)

En el año 1200 d.C., el sueco Frederick Ugarph encontró una estatuilla de un hombre en miniatura. Estaba tallada en madera, una de un árbol no conocido cuya dureza impresiona. Tenía tallada en su base unas palabras:

NISSE (Riktig Storrelse)

El tamaño de la estatuilla era de unos 15 cm. y el significado de las palabras es “GNOMO, estatura real”. Se encontraba en manos de un pescador de Nidaros (Noruega) y éste contó que la estatuilla llevaba mucho tiempo en poder de su familia y nos análisis hechos, demuestran que data de hace más de 2000 años.

Existe muchísima información que gira en torno a la existencia de los gnomos. Cantidad de libros se han escrito sobre la forma de vida, organización de comunidades y características detalladas de estos hombrecitos.

El libro “Los Gnomos” de Wil Huygen, muestra cantidad de ilustraciones con datos específicos de su tamaño, forma de vestir, peso, reproducción, costumbres, etc. Pero ¿Existen en realidad los gnomos? ¿Qué representa esta raza de hombrecitos en miniatura en la historia de la humanidad? Mucha tela se ha cortado al respecto.

Los gnomos son considerados fuerzas benignas de la naturaleza. En la mayoría de los casos, se les presenta como seres encargados de resguardar los tesoros escondidos en las entrañas de la Tierra, que habitan en túneles subterráneos. También se les considera guardianes de los bosques. Protectores de los animales y ayudantes silenciosos de muchas tareas de los hombres de campo.

Se los considera seres con una inmensa sabiduría, porque ha diferencia de los hombres, son capaces de aprender de su pasado y a veces, de predecir el futuro. Son seres que tienen una muy profunda comprensión del Cosmos.

Se les ha representado de muchas formas, siendo la descripción del gorro rojo, la camisa azul y la barba, la más común de todas. Sin embargo, se dice que adquieren los rasgos de los pobladores de los países que habitan.

No se dejan abatir por las preocupaciones y suelen estar de buen humor. Tienen enormes conocimientos en el tema de sanaciones y terapias curativas, valiéndose de los recursos de la Naturaleza, por lo que pueden vivir varios cientos de años.

Con su carácter benévolo, son capaces de influir en el proceder de animales, plantas y humanos y tienen enormes habilidades para el manejo de herramientas de distinta índole.

Se dice, que su contacto con los humanos ha ido minimizándose con el paso de los años, debido a que sus colonias  —cada vez más escasas por el abuso del hombre sobre la naturaleza— se han visto en la necesidad de desplazarse a parajes desolados donde no puedan ser alcanzados por el desarrollo industrial.

Fuentes:
Page, Michael y Robert Ingpen “Enciclopedia de las cosas que nunca existieron”
Huygen, Wil y Rien Poortvliet “Los Gnomos” y “Los Gnomos 2″

El mito de Prometeo

“…Y cuando toda la creación estuvo lista, el Titán Prometeo creó al hombre y le pidió que poblara la Tierra…”

 El mito de Prometeo es la síntesis de la lucha hombre-divinidad. El mundo está listo, pero falta el hombre, que por evolución lógica debería ser el que destronara a los dioses olímpicos comandados por Zeus.

Prometeo no es un dios Olímpico, es un Titán, hijo de Japeto y Asia que aunque aparenta ante los dioses haber perdonado que le robaran el trono que le tocaba a él y sus hermanos por derecho, guarda el recelo en el fondo de su corazón y sólo espera la oportunidad de vengarse.  Por eso intenta crear una raza capaz de destronar a Zeus y de quitarle su supremacía sobre el universo.

Para hacerlo, Prometeo mezcla barro con sus lágrimas y trabaja hasta que obtiene facciones parecidas a las de los dioses. Satisfecho con su obra, decide crear una multitud de estos seres. Pero cuando termina las observa cómo alineadas y mudas parecieran estar vacías, faltas de vida. Por esto les insufla caracteres de animales: el coraje del león, la fidelidad del caballo, la astucia del zorro… Y éstas comienzan a moverse lenta pero decididamente. Pero todavía les hace falta el espíritu…

Atenea decide ayudar a Prometeo, sin conocer sus intenciones ocultas, así que toma un vaso de néctar divino y lo entrega a los seres para que beban unas gotas. Ya tienen alma, pero no saben qué hacer con ella. Prometeo les enseña, convirtiéndose así en el símbolo de la inteligencia humana. Enseñó a sus criaturas el modo de conocerse a sí mismos y de dominar la naturaleza. Los hombres ya están dotados de cinco sentidos y alma, pero les falta conciencia…

Prometeo decide dárselas, así que comienza pacientemente a enseñarles todo aquello que necesitan saber para sobrevivir. Zeus observa el trabajo y comienza a desconfiar de los hombres. Son demasiado inteligentes. Se convoca a una reunión en el Olimpo y se decide que si los hombres rinden tributo y homenaje a los dioses, serán ayudados y protegidos por éstos. Pero Prometeo piensa utilizar a los hombres como arma en contra de los dioses olímpicos, por haber destronado a los titanes. Espera que el hombre llegue a ser más inteligente y decidido que los dioses.

 La lucha perpetua se inicia…

Ya los hombres estaban casi completos, había una sola cosa que no conocían: el fuego , fundamental para su total desarrollo y progreso. Sabiendo esto, el gran Zeus lo escondió. Los hombres debían comer sus alimentos crudos y fríos. No podían darle forma a los metales que extraían de la tierra. Así, poniendo en marcha su plan de venganza y temiendo por  la raza creada, Prometeo decide darle al hombre el fuego. Toma una rama seca de un árbol y sube al cielo y roba el fuego encendiendo la rama con el calor del sol. Ahora los hombres conocen el secreto del fuego. Poco los diferencia de los dioses, por lo que Zeus y los demás dioses les temen. Los hombres son poderosos y no necesitan de ellos. Buscan la forma de hacerlos dóciles y sumisos de nuevo.

 “Así que Zeus crea la forma más rápida y más fácil de destruir al hombre: La Mujer…”

 Llama a Hefesto y le ordena que confeccione una estatua de bronce. Cada dios le ofrece un don:

“ Atenea (ya enemistada con Prometeo y su creación) le entrega un hermoso vestido y un velo. Cuando está enteramente vestida, Afrodita le ofrece la belleza infinita. Hermes le concede el don de la lengua y Apolo le obsequia una hermosa voz, y la bautizan Pandora…”

 Pandora (todos los dones)  está lista para cumplir su misión. Pero antes de enviarla Zeus le entrega una caja en la que están guardados todos los males y miserias destinados a asolar a los mortales. Cuando Pandora llega la mundo, encuentra a Epimeteo (el que reflexiona tarde) , hermano de Prometeo, quien se enamora de ella y recibe de sus manos la caja. Epimeteo la abre e inmediatamente saltan de ella todas las desgracias del mundo. Sin embargo en el fondo de la caja queda un tesoro, un sentimiento que puede destruir toda la venganza de los dioses: La Esperanza . Zeus no quiere que el hombre espere más nada, así que hace que Pandora cierre la caja y deje a la esperanza dentro.

 “Y así el hombre pierde su paraíso…”

Pandora se convierte en esposa de Epimeteo. Las desgracias llenan al mundo. Los dioses están contentos, el hombre está débil y acepta la esclavitud, pero falta castigar a Prometeo, por haber osado crear al hombre y porque humilló públicamente a Zeus. Por esto es encadenado a la cima del monte Cáucaso, donde un águila gigante devora su hígado durante el día, mientras en la noche vuelve a regenerarse para que la agonía continúe en la mañana. Fueron treinta años de agonía, pero no pidió perdón ni se retractó de sus actos, sólo estuvo jurando saber un secreto de Zeus que sólo diría al ser liberado.

El dios supremo mandó a Hércules a liberarlo y el secreto era que Zeus estaba enamorado de la nereida Tetis y que si la desposaba, tendría un hijo que la destronaría. Prometeo desea volver a ser inmortal, pero para ello necesita encontrar un inmortal que intercambie con él. El centauro Quirón accede, por no soportar los sufrimientos ocasionados por una flecha de Hércules. Y Prometeo vuelve a ser inmortal…

Poseidón, el dios de los mares

Neptuno para los romanos, junto con Zeus y Hades, forma el trío de dioses Olímpicos más poderosos. Hermano de los dos anteriores, también fue devorado por su padre y salvado por Zeus, gracias a una poción hecha por Gea, que hizo vomitar a Cronos. Antes de la lucha con su padre, las Cíclopes lo dotaron del tridente mágico que hace estremecer mar y tierra. Luego del enfrentamiento, le fue otorgado el dominio de los mares y el poder de controlar las aguas y provocar maremotos. Rige también las aguas terrestres como lagos y ríos. Habita en un magnífico palacio en las profundidades del mar Egeo y todos los días recorre su vasto dominio en un carruaje al que están uncidos veloces caballos de cascos de bronce y crines de oro, seguido de un séquito de sirenas, nereidas, centauros marinos, hipocampos, delfines y ninfas marinas.

 “…A su paso las olas se abren tranquilas y las más violentas tempestades se apaciguan respetuosamente ante el magnífico dios del mar y su séquito real…”

Pero Poseidón es también considerado el responsable de los terremotos y  le era atribuida la epilepsia debido a la agitación de la enfermedad. Era el dios de los caballos ya que el ímpetu de estos animales se relacionaba con las olas del mar.

Hades, el dios de los infiernos

Primero vienen Las Moiras (Las Parcas), a anunciar la hora postrera al mortal perplejo ante los últimos instantes de su vida. Después llegan  Las Keres o Las Erinias (Las Furias), si ha sido un crimen grave. Rodean a la víctima y la asustan, la debilitan de cuerpo y espíritu… la aniquilan. El alma sin carne desciende al fondo de la Tierra, al sombrío reino de Hades…”

Hijo también de Cronos y Rea, por lo tanto hermano de Zeus, es el encargado de las sombras y las zonas de ultratumba. Pertenece a la más antigua  generación de dioses Olímpicos, ya que estuvo en la lucha para destronar a su padre. Su principal característica es la invisibilidad, como lo dice su nombre (Hades: invisible) y como lo es su reino, vedado a los ojos de los vivos. Esta invisibilidad, le era dada por un casco que le regalaron los Cíclopes, antes de su lucha contra Cronos.

Se le atribuye también el favorecer al desarrollo de las semillas, enterradas en los límites de su reino, contribuyendo así a la productividad de los campos, lo cual le da un sentido positivo que contrarresta un tanto su relación con la muerte, ante los ojos de la humanidad. Es también, por este hecho, relacionado con Deméter, lo cual se observa claramente en el mito de Perséfone.

A pesar de su relación con la muerte, no era identificado como un demonio, sobretodo porque para los griegos, no existía la figura maligna que incitaba al pecado, ya que cada uno creía que era culpable de sus desgracias. Cuando querían invocarlo, la gente golpeaba el piso con las manos o con una vara y si con esto no atendía, entonces hacían sacrificios en su honor.

El reino del Hades (El Erebo), se dividía en dos sub-reinos:  El Tártaro que era un lugar de expiación, donde los malos pagaban sus culpas (como el infierno para la religión católica) y Los Campos Elíseos que era donde los buenos gozaban de las recompensas de sus acciones (el cielo para los católicos). Ambos sub-reinos se encontraban en las profundidades subterráneas, ya que los cielos eran exclusivamente para que habitaran los dioses.

Las almas de los muertos para poder recorrer su camino al Hades, debían atravesar  el río Aqueronte que corría por los dominios de Hades, a través de una barca manejada por un personaje lúgubre llamado Caronte, al cual le debían pagar con una moneda que los familiares del muerto colocaban debajo de su lengua antes de ser enterrado. Luego debían presentarse delante de Los Tres Jueces de los Muertos, que eran Minos, Eaco y Radamanto , los cuales decidían si el alma iba a ser condenada al Tártaro,( y en este caso cuál sería su castigo) o si iba a ser enviado a los Campos Elíseos, aunque siempre el veredicto final lo daba Hades.

Para llegar a Hades, tenían que atravesar la puerta de su castillo, fielmente cuidada por Cerbero, un can de múltiples cabezas que era el guardián del Erebo.

Hades contaba con algunos súbditos que lo ayudaban a mantener el orden y que se encargaban de buscar las almas para mantener los campos del Erebo llenos. Sus principales ayudantes eran:  Las Parcas que eran tres espíritus de mujeres que estaban hilando todo el tiempo el destino de cada uno de los mortales, y que lo cortaban en el momento en que llegara la hora de la Muerte. Luego estaban Las Erinias, tres espíritus vengadores de los crímenes, que se apostaban frente a la casa de cualquiera que hubiera cometido un crimen, con sus antorchas encendidas para enseñar que aquel debía ser castigado con la muerte. También estaban Las Eres, que cumplían la misma función que las anteriores, pero éstas buscaban a los espíritus que aunque, eran transgresores de algunas leyes, no tenían porqué ser castigados tan severamente. Por último estaba Tánatos (La Muerte), hijo de la noche, que se paseaba con su manto negro por la casa de la víctima para avisarle que sería trasladado al Erebo, y que con mucha frecuencia, era el encargado de enseñarle el camino.

Dentro del Tártaro, habían almas que tan sólo vagaban sin rumbo y otras que eran condenados a grandes suplicios y castigos, mandados por algún dios que había sido ofendido. Algunos casos que podemos citar son: el de Sísifo, que fue condenado por el propio Hades, por haber engañado a Tánatos y haberlo encerrado en un calabozo, por lo que durante ese tiempo nadie murió en el mundo. Sísifo fue condenado a empujar una gigantesca piedra colina arriba, pero al  casi llegar a la cima, esta se le escapaba de las manos y volvía a empezar su trabajo. Tántalo, invitó a los dioses a un banquete y sirvió a su hijo como alimento, así que fue condenado a estar en una laguna con agua hasta a las rodillas, pero el agua nunca puede calmar su sed infinita, ya que se resbala de su boca, y rodeado de árboles frutales, las ramas se alejan cuando trata de alcanzarlas. Además, sólo sueña con banquetes y manjares que jamás podrá alcanzar. Las Danaidades, son las cincuenta hijas de Dánao, que asesinaron a sus cincuenta maridos por lo que fueron condenadas a llenar con sangre una tonel sin fondo. Y por último citaremos a Prometeo que osó retar a Zeus al crear al hombre, y que fue atado a una gran roca donde un animal le devora en el día las entrañas que vuelven a crecerle por la noche, haciendo así interminable su sufrimiento. 

Hades y Perséfone

Core, era una docella hija de Zeus y Deméter, diosa de la tierra y la agricultura. Aunque Core formaba parte de los Dioses Olímpicos, su vida transcurría alejada del resto de los dioses. Era de naturaleza tranquila e inocente, hasta que Hades se fijó en ella y la pidió en matrimonio. Zeus le concedió su mano, pero Deméter se negó rotundamente.

Un día en que Core se encontraba recogiendo flores con algunas ninfas, se abrió una grieta a sus pies de la que salió Hades, quien la tomó y la raptó llevándosela hacia el Erebo. Desconsolada, Core suplicó por su libertad. Durante meses estuvo cautiva en el inframundo, mientras en la tierra, la tristeza de su madre por su desaparición hizo que se perdieran las cosechas y murieran todas las plantas, sumiendo al mundo en una devastación atroz. Ante esta situación, Zeus le ordena a Hades regresarla y envía a Hermes en su búsqueda, con la única con condición de que no la joven no hubiese ingerido alimento alguno. El dios de las sombras accede. Sin embargo, antes de que Core abandone el reino de Hades, éste la invita a comer unas semillas de granada para que no sienta hambre en el trayecto y ella, inocente, acepta.

Gracias al engaño de Hades, Core se ve obligada a pasar la mitad del año en el inframundo. A la tristeza ocasionada a su madre durante su ausencia, le atribuyen los griegos las épocas de escasez y sequía, donde nada es cultivable.

De esta manera, Core, la doncella inocente, se convierte en Perséfone, temida diosa del inframundo, cuyo nombre no es muy seguro pronunciar en voz alta, por lo que simplemente se le llama “la doncella”.

Zeus, el dios supremo de los griegos

Zeus (Júpiter para los romanos), era  el más joven de los Cronidas (hijos de Cronos y Rea) y es considerado la máxima expresión de la mitología griega, ya que era el dios del Universo, el poderoso, representado como el amo y señor de los rayos y las tormentas, y el que regía el destino de  mortales e inmortales, además de haber cerrado el ciclo de las divinidades tenebrosas y las fuerzas desordenadas.

Es la representación de la inteligencia divina y de él, dios del firmamento, emanan las figuras mitológicas que expresan  las mayores manifestaciones del sentimiento, de la mente y del espíritu humano frente a la naturaleza y a los fenómenos de la vida y de la muerte. Representa la victoria del orden sobre el desorden.

Su primer reto y su primera victoria, fue el de salvarse de su propio padre, Cronos, que devoraba a sus hijos por miedo a que éstos lo destronaran. Rea vio en Zeus la salvación de su descendencia, así que al nacer éste, entregó a Cronos una piedra envuelta en pañales, que éste devoró sin notar el engaño. Así Zeus fue criado bajo el cuidado de las ninfas Adostrea e Ida, que se encargaron de su alimento, durante el cual los Curetes (jóvenes sacerdotes de Rea) causaban con sus címbalos, escudos y tambores un espantoso estruendo para que Cronos no escuchara el llanto de su hijo. Las abejas le preparaban la miel y Almatea, su cabra protectora, le daba leche y se convertía en ninfa si advertía que el niño estaba en peligro. Luego, siendo Zeus dios del Olimpo, la premió convirtiéndola en una constelación y dio a las ninfas que lo educaron uno de sus cuernos, dotado con el poder de concederles todo lo que deseaban, llamándolo por esto “El Cuerno de La Abundancia”.

Sin embargo, Zeus tuvo aún que enfrentar  otro reto: tuvo que luchar contra su padre y vencerlo, para luego desterrarlo al Tártaro, y convertirse así en “el Dios del Olimpo”, para lo cual tuvo que acudir a sus hermanos, que ya habían sido devorados, con los que repartió luego sus dominios, tocándole a Poseidón el dominio de las aguas, a Hades el dominio de los infiernos y a el propio Zeus, el cielo y la tierra. Luego de esta guerra tuvo que enfrentarse a los Titanes, sus primos, los 25 hijos de el dios Titán, que envueltos en bolas de fuego, lucharon contra Zeus reclamando sus derechos sobre el trono y la supremacía del Universo. Su más temible enfrentamiento fue contra Tifón, un monstruo mitad hombre, mitad serpiente que lanzaba fuego con la boca y que sólo con su cabeza alcanzaba el cielo. Zeus lo venció con ayuda de Hércules restaurando así la paz en el Olimpo.

Además de ser el dios Supremo,  el dios de las tormentas y el dios del cielo, Zeus era considerado también “el dios padre” visto así como un dios amoroso y preocupado por la humanidad. Era invocado por los humanos como  Zeus Ktesios si de pedir riqueza se trataba , Zeus Herkeios para pedir la protección de casas y ciudades y Zeus Xenios que era invocado por extranjeros y desterrados.

Tomó por esposa a Hera, su hermana, considerada “la diosa del matrimonio”, por lo cual, el título de Zeus del dios de la paternidad, le ocasionó muchos problemas, ya que mientras Hera se identificaba con la fidelidad conyugal y la preservación del matrimonio, Zeus tenía la preocupación de engendrar, dentro o fuera del matrimonio, por lo que a menudo bajaba a la tierra y engendraba hijos con las mortales.

La lluvia dorada

Dánae era hija de Acrisio, rey de Argos y de Eurídice. Acrisio compartía el trono con su hermano Preto, por lo que existía gran rivalidad entre ellos. Dánae, vivió su niñez desligada de esta rivalidad, sin embargo, a medida que iba creciendo y mostrándose como una joven hermosa, su tío puso sus ojos en ella, llegando incluso a aparecérsele en pesadillas donde la perseguía incansablemente para intentar poseerla. Esto, sumado a la imposibilidad de Acrisio de engendrar un heredero varón, acrecentó la rivalidad entre ambos reyes. Acrisio, obsesionado con que su hija consibiera un niño hijo de su hermano que pudiera destronarlo, decidió consultar un oráculo. La predicción no pudo ser más inquietante. No sólo no podría tener jamás un heredero varón, sino que su nieto, hijo de Dánae, le daría muerte. Aturdido por el miedo y la ira, encerró a Dánae dentro de cuatro sólidos muros, para que ésta no pudiese tener ningún tipo de contacto carnal con su tío.

Pero Acrisio no contó con otro pretendiente de mayor peligro que se había enamorado de su hija: Zeus, el dios supremo del Olimpo. Poderoso cual era, Zeus podía haber destruído los muros para poseer a Dánae, pero el reto sería menor y además corría el riesgo de que Hera se enterara de la infidelidad. Así que una noche estrellada en la que Dánae dormía desnuda en su lecho, Zeus se transformó en una hermosa lluvia dorada que entró por la rendija de la ventana de la prisión de la muchacha. Gota a gota fue recorriendo el cuerpo de Dánae y la hizo suya en medio del susto y el desconcierto de la princesa. Así fue engendrado Perseo. Zeus prometió a Dánae su libertad, pero antes de que pudiese actuar, Acrisio se enteró del embarazo de su hija y pensando que habría sido su hermano y recordando las palabras del oráculo, colocó a la desdichada muchacha y a Perseo en un arcón y lo arrojó al mar.

Poseidón intervino y  suaves olas condujeron el arcón hacia la isla de Séfiros, donde serían rescatados por un pescador llamado Dictis quien los acogió en su casa. Perseo creció sin saber su origen y muchos años después, durante unos juegos Olímpicos, lanzó un disco que accidentalmente golpeó la cabeza del rey, su abuelo, quitándole la vida.

 

 

                                                                                                                       

Inanna, diosa sumeria del amor

Es la diosa del amor y la sexualidad Sumeria, sin embargo, al igual que en Grecia se relacionaba a Afrodita (diosa del amor) con Ares (dios de la guerra), Inanna está también unida a los conceptos de guerra, agresión y afán de poder tanto como con el parto y la atracción erótica.

Todos los mitos resaltan la naturaleza bastante irascible de Inanna y las terribles consecuencias de su cólera y su conducta sexual. Se representaba por medio de un haz de juncos, coronado con uno en forma curvada. Era hija de Ningal y Nannar, dioses de la luna; hermana gemela de Utu y esposa de Dumuzi.

Inanna desciende a Irkalla

Inanna, reina del cielo y de la tierra, decide bajar al inframundo. Irkalla era el lugar de “no retorno” para los mesopotámicos, a dónde van los muertos durante ese estado de renovación que significa la muerte, para purificarse y recibir una nueva vida. También es allí donde van las malas conductas, para poder ser purificadas.

Previendo todo el peligro que puede implicar incluso para una diosa el embarcarse en esta empresa, Inanna toma todas las precauciones: se coloca sus insignias reales y sus amuletos mágicos y da instrucciones a su visir, Ninshubur, sobre cómo actuar en situaciones críticas.

A las puertas de Irkalla, Inanna pide al vigilante de la puerta, ser recibida por su hermana Ereshkigal, diosa del inframundo, para poder organizar el funeral de su cuñado, aún cuando sus verdaderas intenciones, son apoderarse del trono. Ereshkigal entra en cólera al saber de la presencia de su hermana y ordena que sean cerradas con llave, las 7 puertas del inframundo. Inanna es obligada a desprenderse, en cada puerta, de cada una de sus insignias reales y debe presentarse desnuda e indefensa ante su hermana. Los jueces del inframundo la condenan a muerte y a que su cuerpo cuelgue de un gancho sujeto a la pared.

Ninshubur comienza a preocuparse por la tardanza de la diosa y pide ayuda a otros dioses para descender y rescatarla. Pero todos se niegan. Opinan que la ambición desmedida de Inanna fue la que la puso en esa situación y ella sola debe salir de ella. Sólo Enki está dispuesto a ayudar a Inanna. De la mugre de sus uñas, crea dos seres que logran ser recibidos por Ereshkigal, por medio de adulaciones logran que la diosa les ofrezca una recompensa y piden que sea el cuerpo de Inanna. Rocían su cuerpo con Agua de la Vida y devuelven la libertad a Inanna. No obstante, los jueces del inframundo exigen que la diosa entregue a alguien que la supla. Al salir, Inanna les entrega a su esposo Dumuzi, al ver que solo él no había sido capaz de guardar duelo por su muerte.

 

 

 

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